La unión hace la fuerza

Más amor.

Más perdón y menos rencor.

Más misericordia y menos juicio.

Más empatía y menos egoísmo.

Más risas y menos lágrimas.

Más libertad y menos temor.

Más justicia y menos indiferencia.

Enfoquémonos en lo que nos une y no en las diferencias que nos separan, esa unidad genera conexión, nos compenetra; todo se puede trabajar cuando hay disposición, todo puede mejorar cuando hay comprensión del otro.

El cambio somos nosotros.

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Fotografía: https://pin.it/gszk3bf7swq4hk

Manitas dispuestas

Un niño pequeño siempre va querer ayudar, son serviciales y colaboradores por naturaleza si les damos la oportunidad, un adulto perfeccionista e impaciente por lo general va preferir hacer las cosas solo, para mayor comodidad y rapidez, y luego, más adelante nos viene más fácil criticar a los chicos cuando no quieren ayudar en los quehaceres de la casa o en cualquier otro escenario.

Peras al olmo… al final recogemos aquello que sembramos en ellos, y si nunca los hicimos parte incluso de las cosas más pequeñas como regar una planta o limpiarle las hojitas, será más complicado cuando crezcan porque colaborar no se les da como algo natural.

Termino como inicié, un niño siempre tiene tiempo y disposición de ayudar, qué les parece si como adultos nos armamos de paciencia y se los permitimos, las cosas no van a quedar perfectas pero la semilla que plantaremos en sus corazones dará fruto y más aún, esa sensación de haber ayudado a papá y mamá quedará como una huella indeleble en sus vidas, más que palabras les demostramos con hechos que son útiles, valiosos y necesarios, que contamos con ellos.

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2020 “Veinte, veinte: la visión perfecta”

Ya estrenamos el primer día de este año y tenemos por delante un montón de nuevas oportunidades para abrazar, experiencias para vivir y razones para estar agradecidos.

Hago la comparación del “veinte veinte” con la vista porque me hizo ir reflexionar sobre la importancia de una visión clara, de un enfoque correcto al momento de analizar las situaciones que viviremos, ya que como dice aquella canción de Jarabe de palo, “depende, todo depende, de según cómo se mire todo depende”.

Que este año tengas siempre la sabiduría para analizar tus experiencias desde la perspectiva correcta, que tu visión no se empañe con quejas, con negatividad o desesperanza, sino por el contrario, que encuentres el “¿para qué?” de lo que vives, la enseñanza y el propósito ya que cuando miramos las situaciones de la forma correcta siempre encontraremos algo por lo qué estar agradecidos, y eso por defecto lo cambia todo.

Deseo que si en algún momento se te nubla la visión, porque puede pasar, tengas siempre cerca a alguien que te tome de la mano y te recuerde cuál era el camino que transitabas, que te cante nuevamente tu canción si por breves instantes olvidaste la letra.

Bajo la visión adecuada todo se ve mejor, aún el desierto más árido guarda agua en su interior…

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Sin receta perfecta…

Yo solía decir que el amor siempre sería suficiente pero estaba equivocada, creo que la manera correcta de decirlo es que el amor cuando es mutuo siempre será suficiente, y aún así, el amor por si solo, el amor como tal, como palabra y sentimiento tampoco será nunca suficiente si no se acompaña de una serie de variables indispensables para que exista, crezca y se fortalezca.

El amor para ser suficiente necesita ser justo, ser comprometido, ser comunicado en el lenguaje correcto, ser paciente y construido día a día.

La entrega debe ser recíproca partiendo del hecho de que algunas veces uno de los dos necesitará entregar un poquito más dependiendo de la situación o el momento de la vida en que se encuentren, pero siempre con la certeza de que la balanza pronto encontrará el tan valioso y necesario equilibrio.

Decir “te voy a amar para siempre” es poco realista, “hoy decido amarte para siempre” es un poco más cercano a la realidad porque es una frase que implica un compromiso diario; somos seres en constante cambio, en continuo crecimiento, y si como pareja dejamos de conocernos, si dejamos de escucharnos y de buscarnos asumiendo absurdamente que somos y seremos aquella misma persona que conocimos hace años, lamentablemente nos encaminamos hacia una muerte anunciada.

Descubrirnos y aprender a amarnos en cada etapa de nuestra vida es el secreto, porque el amor también cambia, reconocernos y reinventarnos como uno y como dos, como individuos y como pareja es lo que nos vuelve fuertes, lo que nos vuelve cercanos y lo que vuelve este viaje tan lindo y a veces tan retador mucho más entretenido y muchísimo más hermoso, sin dejar nunca de lado lo que para mí personalmente es medular, Dios.

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Amorescentes…

¿Han escuchado la palabra “aborrescentes” cuando alguien trata de referirse a un adolescente?

Bueno, quizá los chiquillos se ganaron el término a pulso (igual que uno en su momento) pero yo la verdad es que siempre me he sentido incómoda con esa palabra, no me gusta y por eso uso la mía para describir esa edad tan particular, encantadora y desafiante, “amorescencia”.

Cuando uno tiene hijos muchas cosas cambian, cuando uno tiene hijos adolescentes, muchas más cosas lo hacen y aquí estamos, aprendiendo, disfrutando, creciendo juntos e ingeniándonoslas para formar parte de sus vidas aún cuando su naturaleza ahora nos marca la cancha y tenemos que aprender a leer entre líneas, a conseguir interpretar oraciones completas de escasas palabras, a desarrollar poder mental para saber lo que piensan y ver más allá de lo que muestran, mucho más allá, ya no son ese planetita que gira alrededor del Sol, ya no somos su astro más brillante y qué bueno que sea así porque es parte de crecer, necesario para que la vida siga su curso, para que vayan definiendo su personalidad, su estilo, en fin su identidad propia; ahora de tanto en tanto tenemos que encontrar, de formas creativas la manera de seguir siendo ese puerto seguro, ese “go to person” porque perdemos popularidad y lo que antes resultaba efectivo para fortalecer el vínculo ya no necesariamente funciona, o lo hace un día sí y otro no…

Hoy reflexiono un poco y concluyo que al final lo que importa es que nos sientan cerca, que se sepan profundamente amados, aceptados, valorados y respetados aunque no siempre comprendidos, que les quede claro que entre más grande su temor, más grande su angustia o más grande sea el problema que los agobia más rápido pueden correr hacia nosotros, a nuestros abrazo, que aquí estamos para ellos siempre y de forma incondicional; y nosotros como padres debemos tener muy claro que también tuvimos esa edad, que también sentimos esos deseos de desafiar al mundo, ese instinto rebelde que surge de la formación de nuestra personalidad, del descubrimiento y la confusión, que del caos también surgen cosas maravillosas, necesitamos recordar cómo nos sentíamos y lo que nos hacia bien y mal al llegar a nuestro hogar para implementar lo bueno y aplicar las variantes necesarias en que se debe mejorar, recordar que en este continuo descubrirse de nuestros amorescentes hay muchísimas cosas que no podemos tomarnos de forma personal, “los adultos somos nosotros”, es claro que los límites deben estar establecidos, definitivamente la cancha tiene que estar marcada también desde nuestro lado y por lo demás, esas pequeñas cosas que se salen de nuestras manos a pesar de nuestro mejor esfuerzo, nuestra entrega total y nuestro profundo amor dejémoslas en manos de Dios, nadie va amar a nuestros retoños más que Él, ni aún nosotros mismos por increíble que parezca, Él marcará siempre una diferencia en la vida de nuestros chicos y cumplirá ese propósito maravilloso en ellos para el cual los creó.

Hoy les invito a amar el doble a nuestros amorescentes, lo necesitan más que nunca.

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Con alas cansadas…

Hoy me duele el tiempo que transcurre implacable, no perdona, no se detiene y vuela.

Me duelen los sueños frustrados y los que escondidos en un rincón del corazón tienen miedo de nacer.

Hoy me duele tu mirada, el ritmo pausado de tu caminar cansado, la mirada perdida, tu suspiro profundo y el dulce amargo de las palabras de tu boca.

Hoy me duele mi tristeza, ese silencio que se hace nudo en mi garganta y ahoga mis palabras y mis letras.

Hoy me duele el calor y me duele el frío, me duelen la compañía y la soledad, hoy me duelen el desconcierto y la incertidumbre, me duele la lagrima de mis ojos que no se anima a brotar libremente pero que se asoma cada vez que la duda visita mi mente.

Me duelen la impotencia, la desesperanza y la espera.

En fin, lo bueno de las etapas es que tienen un principio y un final, las alas se renuevan y se vuelven a usar para volar alto, pero hoy, solo por hoy las guardo porque están un poquito cansadas.

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Juego de luces…

Cuando era niña y me asustaban las sombras de la oscuridad, mi papá solía tomarme de la mano y llevarme a buscar el origen de aquella sombra, cuando lo encontraba el miedo se disipaba.

Estos días han sido interesantes de muchas maneras y hoy recordé esa hermosa anécdota…

Saben, a quienes confiamos en Dios no deben asustarnos los “monstruos” que hay en las tinieblas porque sabemos con certeza que no son más que circunstancias a las que la luz impacta desde un ángulo desfavorable; al acercarnos, vemos con claridad que al final del día es un simple juego de sombras en donde la oscuridad no es otra cosa que la ausencia de luz.

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Emociones a flor de piel…

Miro a mi alrededor y me duele, el clamor de los niños que son maltratados, la desesperanza de los jóvenes que están extraviados, las luchas de poder entre los fuertes sin importar el daño que provocan en los más débiles.

Miro a mi alrededor y me duele la incertidumbre con la que camina el mundo, la soledad que abraza los corazones y la tristeza en la que se ahogan muchos, las lágrimas que brotan y las que se quedan dentro, las palabras que gritan y los silencios forzados.

Miro a mi alrededor y me duele como nos vamos perdiendo, aislando, rodeados de personas pero solos buscando aprobación de seres a quienes ni siquiera conocemos.

Y entonces, cuando el nudo en la garganta me hace respirar con dificultad, se asoma un brillo intenso en la escena de mi mente y miro…

Miro a mi alrededor y veo brotar el amor entre las personas, corazones siendo sanados y escucho canciones de esperanza, de resiliencia y paz, seres humanos a los que el dolor no ha destruido sino que contra todo pronóstico los ha hecho más fuertes, para amar mejor, para amar con entrega y empatía, miro a mi alrededor y encuentro las manos extendidas que siguen diciendo en medio del bullicio “aquí estoy”.

Miro a mi alrededor y escucho niños riendo porque siguen habiendo personas con deseos de amarlos y marcar una diferencia en sus vidas, miro jóvenes que retroceden en sus pasos y vuelven a encontrarse consigo mismos y su valor en aquel punto del camino donde calienta el Sol, porque hubo alguien que se animó y fue a buscarlos, veo personas diciendo sí se puede, y no son las menos sino las más, pero debemos educar nuestros ojos y redireccionar nuestro corazón para dar con ellos, para ver aquello para lo que fueron creados.

Y entonces me emociono, hay esperanza, el mundo sigue siendo un lugar maravilloso, hay mensaje, hay sentido y hay propósito, y por pequeño que parezca el aporte de los corazones que se resisten a dejar de brillar, allí está, y esa luz cálida se propaga y se multiplica porque solo el amor puede salvarnos, el amor como revolución, el amor como la fuerza que mueve al mundo.

Seamos mayoría.

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¿Ya sonreíste hoy?

Cuando estaba pequeña y me daba mucha risa algo, en varias ocasiones alguien importante para mí me dijo: “la risa abunda en la boca de los tontos”, a pesar de que estoy completamente en desacuerdo con esa afirmación, en aquel momento eso hizo que a pesar de que seguí sonriendo lo hiciera con menos frecuencia, esto hasta que en mi adolescencia me encontré con un joven cuyo espíritu noble, alegre, impetuoso y divertido hizo que volviera a mí aquel porcentaje de risa que había perdido, se lo he dicho siempre, porque a final de cuentas me casé con él, “me enseñaste de nuevo a reír”.

De eso hacen ya más de 20 años y quise escribir acerca de esto porque las etapas de la vida, las preocupaciones, la familia, el trabajo, en fin todas esas variables muchas veces nos juegan en contra, se vuelven tan grandes que el peso sobre nuestros hombros es agobiante y nos roba la sonrisa, se ahoga la tan necesaria y medicinal risa, crecemos y de cierta forma el adulto responsable, equilibrado, maduro y ecuánime en nosotros nos hace olvidar que algunas veces, no las menos sino las más necesitamos reírnos.

Estudios científicos revelan importantes reacciones positivas que se dan en nuestros cuerpos al darnos la oportunidad de reír libremente.

Los seres humanos necesitan risas, las parejas necesitan reírse juntas, las familias necesitan reírse entre ellos y de ellos, todos necesitamos aprender a reírnos de nosotros mismos en algún punto, es como un efecto en cadena saben, cuando eres consciente de que tu vida, tu hogar y tu familia están con el “tanquecito de risas” con la aguja en “échele”, algo tiene que suceder, y una vez que nos damos permiso de hacerlo, vuelve a ser la regla y no la excepción.

No en vano puso Dios en cada uno de nosotros una buena dosis de sentido del humor, sabía que íbamos a necesitarla.

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Introspección…

¿Les ha sucedido?

Han sentido alguna vez como su cuerpo, su mente, su alma y su espíritu colapsan y convergen en un punto de encuentro, un común denominador, una necesidad urgente de inyectarse vida, color, esperanza, motivos, sentido y propósito…

Creo que sucede cuando de cierta forma nos absorbe el sistema y la cotidianidad se apodera de nosotros, nos alcanzan situaciones inconclusas de la vida y nos rebasan, emociones escondidas salen a flote o simplemente la edad y sus cambios nos juegan una mala pasada, entramos en trance y caminamos cada día en piloto automático, sin ver detalles, sin maravillarnos con las cosas simples, sin realizar lo afortunados que somos de ver un día más, de poder escuchar la sonrisa de nuestros hijos y abrazar a nuestras personas favoritas, obviamos esos pequeños grandes placeres hasta que por fuerza, por decisión o necesidad despertamos a una nueva consciencia y caemos en cuenta, no hay tiempo para perder… Es entonces cuando ese maravilloso héroe interno, ese inexplicable soplo divino que llevamos dentro sale de pronto como el genio de la lámpara de Aladino y nos mira, nos confronta, nos exhorta, lo sigue un encuentro de titanes entre el “yo” que se resiste y el que desea dejarse vencer por la esperanza, es con esa resiliente fuerza interna que surgimos de las cenizas y empezamos como el águila, con profundo dolor a arrancarnos las plumas que no nos sirven más y solo nos generan peso muerto, necesitamos volar alto, libres, necesitamos reencontrarnos con nosotros mismos en esta nueva versión, conectar con lo que somos para poder nuevamente conectar con los demás.

De nadie depende, nadie puede hacerlo por nosotros, es una labor de uno; educar nuestros ojos para mirar más allá de lo que tenemos enfrente, enseñar a nuestro corazón a sentir, a vivir y amar con consciencia plena y entrega porque el instante que vivimos no se repetirá nunca más, lo que tenemos cerca y quienes caminan a nuestro lado y llenan de luz parte de nuestras vidas, podrían mañana no estar.

Vivir, vibrar, dejar huella, ser mensaje, fluir en nosotros y también para los otros, tener sentido, tener propósito.

Valorar todo siempre desde el agradecimiento, eso por defecto lo cambia todo.

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Fotografia: Mi vagón del tren