La vida es un ratito

Querámonos mucho, sintámonos lindos, tomémonos fotos, el tiempo pasa muy rápido, con el paso de los años la mente nos traiciona y no recuerda tanto como quisiéramos entonces celebremos la vida, honrémosla en cada aliento y no dejemos de sonreír, eso solo va poner las arrugas en el lugar correcto porque la alegría del corazón siempre hermosea el rostro.

La vida está colmada de pequeños grandes placeres, descubrámoslos y abracemos esas experiencias, eso es lo único que nos vamos a llevar cuando nos vayamos.

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24 años juntos…

Mi gran amor, mi vikingo fiero y aguerrido, valiente y temerario, dispuesto a rugir estridentemente para proteger a los suyos… Amo la forma en la que guardas tu armadura y te permites ser vulnerable cuando estás en mis brazos, escondes tu rostro en medio de mis pechos, indefenso, con el alma desnuda a tono con tu cuerpo dejas atrás tus mil batallas para fundirte en mí, y nos escondemos del mundo para amarnos conscientes de esos instantes en los que solo existimos tú y yo.

Mi gigante y mi pequeño, mi hombre sabio, mi caballero salvaje.

La vida a tu lado es un continuo aprendizaje, cada momento, cada etapa, cada vivencia se suma a nuestro baúl de recuerdos y experiencias; para hablar con la verdad, no encuentro mejor manera de vivir que de esa forma, creciendo juntos mientras de paso, nos divertimos un montón.

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Que sean siempre más…

Qué lindas se ven las familias unidas, se ven fuertes, se ven felices.

Las mecánicas familiares cambian de una familia a otra, de la misma manera en que cada cabeza es un mundo, cada familia también lo es.

De la puerta para adentro solo nosotros sabemos cómo somos, cómo interactuamos, nuestras fortalezas y nuestras oportunidades de mejora, sin embargo hay una realidad ineludible, no reflejas afuera lo que no tienes adentro.

Es por eso que me cautiva cuando veo un niño carcajearse con su padre entre miradas cómplices, o cuando observo una adolescente acercarse a su madre y darle un abrazo, mi corazón se alegra casi hasta las lágrimas cuando en medio de alguna situación complicada veo a un hermano abrazar a otro en un lenguaje que solo ellos entienden, o la espontánea facilidad con que quienes la conforman se toman de las manos para elevar una oración.

Es eso, allí está expuesta la maravillosa complicidad que se logra día a día cuando buscamos intencionalmente momentos que nos unan, experiencias que nos fortalezcan y tradiciones que siembren recuerdos, es allí donde podemos ver manifiesto ese compartir, la fortaleza de caernos juntos y volvernos a levantar, las lágrimas y las muchas risas compartidas, los aciertos, los desaciertos y el deseo genuino de crecer juntos, de aprender con sencillez y humildad reconociendo que somos fuertes cuando nos escuchamos con atención, cuando somos sensibles y empáticos, cuando perdonamos y ofrecemos disculpas.

Qué lindas se ven las familias unidas, cuando se ríen, cuando se abrazan, cuando se apoyan, cuando permiten que los unan sus afinidades y no que los distancien sus diferencias; después de todo, la familia debe ser para todos ese puerto seguro, ese lugar de refugio y paz que se construye diariamente, muchas veces en condiciones favorables y otras tantas en medio de la adversidad pero hombro a hombro, tomados de las manos, sabiéndonos seguros porque estamos juntos, con la certeza de que nos tenemos el uno al otro.

Vínculos que nos fortalecen, vínculos que nos sostienen y nos levantan, vínculos sanos, no perfectos, pero sinceros en sus sentimientos, en su amor.

Qué lindas se ven las familias unidas… ¡que sean siempre más!

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¡Échense flores!

Háblese bonito, cuídese, chinéese, coma saludable, saque un ratito para hacer deporte, descanse, déjese consentir, intente hacer con más frecuencia lo que le hace feliz, busque el tiempo para reflexionar, conocerse, encontrarse o en todo caso reinventarse, trate de rodearse de gente que lo edifique y tenga proyectos que le inspiren.

Recuerdo que mi abuelita tenía una costumbre (aparte de nunca salir a la calle desarreglada), en varias ocasiones siendo yo una niña, la vi hablar con “ella misma” en la noche antes de dormir, una vez le pregunté qué se decía y me respondió: “cosas lindas… que yo puedo, que soy capaz, que estoy sana, que soy hermosa”.

Hoy, recordémonos aquello en lo que somos buenos, eso que nos encanta de nosotros, aceptémonos, perdonémonos y amémonos, le invito, si puede y si quiere, a que adopte la costumbre de mi abuelita y antes de dormir “échese flores”.

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#amorpropio #automotivacion #seamosmayoria

Manitas dispuestas

Un niño pequeño siempre va querer ayudar, son serviciales y colaboradores por naturaleza si les damos la oportunidad, un adulto perfeccionista e impaciente por lo general va preferir hacer las cosas solo, para mayor comodidad y rapidez, y luego, más adelante nos viene más fácil criticar a los chicos cuando no quieren ayudar en los quehaceres de la casa o en cualquier otro escenario.

Peras al olmo… al final recogemos aquello que sembramos en ellos, y si nunca los hicimos parte incluso de las cosas más pequeñas como regar una planta o limpiarle las hojitas, será más complicado cuando crezcan porque colaborar no se les da como algo natural.

Termino como inicié, un niño siempre tiene tiempo y disposición de ayudar, qué les parece si como adultos nos armamos de paciencia y se los permitimos, las cosas no van a quedar perfectas pero la semilla que plantaremos en sus corazones dará fruto y más aún, esa sensación de haber ayudado a papá y mamá quedará como una huella indeleble en sus vidas, más que palabras les demostramos con hechos que son útiles, valiosos y necesarios, que contamos con ellos.

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2020 “Veinte, veinte: la visión perfecta”

Ya estrenamos el primer día de este año y tenemos por delante un montón de nuevas oportunidades para abrazar, experiencias para vivir y razones para estar agradecidos.

Hago la comparación del “veinte veinte” con la vista porque me hizo ir reflexionar sobre la importancia de una visión clara, de un enfoque correcto al momento de analizar las situaciones que viviremos, ya que como dice aquella canción de Jarabe de palo, “depende, todo depende, de según cómo se mire todo depende”.

Que este año tengas siempre la sabiduría para analizar tus experiencias desde la perspectiva correcta, que tu visión no se empañe con quejas, con negatividad o desesperanza, sino por el contrario, que encuentres el “¿para qué?” de lo que vives, la enseñanza y el propósito ya que cuando miramos las situaciones de la forma correcta siempre encontraremos algo por lo qué estar agradecidos, y eso por defecto lo cambia todo.

Deseo que si en algún momento se te nubla la visión, porque puede pasar, tengas siempre cerca a alguien que te tome de la mano y te recuerde cuál era el camino que transitabas, que te cante nuevamente tu canción si por breves instantes olvidaste la letra.

Bajo la visión adecuada todo se ve mejor, aún el desierto más árido guarda agua en su interior…

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Sin receta perfecta…

Yo solía decir que el amor siempre sería suficiente pero estaba equivocada, creo que la manera correcta de decirlo es que el amor cuando es mutuo siempre será suficiente, y aún así, el amor por si solo, el amor como tal, como palabra y sentimiento tampoco será nunca suficiente si no se acompaña de una serie de variables indispensables para que exista, crezca y se fortalezca.

El amor para ser suficiente necesita ser justo, ser comprometido, ser comunicado en el lenguaje correcto, ser paciente y construido día a día.

La entrega debe ser recíproca partiendo del hecho de que algunas veces uno de los dos necesitará entregar un poquito más dependiendo de la situación o el momento de la vida en que se encuentren, pero siempre con la certeza de que la balanza pronto encontrará el tan valioso y necesario equilibrio.

Decir “te voy a amar para siempre” es poco realista, “hoy decido amarte para siempre” es un poco más cercano a la realidad porque es una frase que implica un compromiso diario; somos seres en constante cambio, en continuo crecimiento, y si como pareja dejamos de conocernos, si dejamos de escucharnos y de buscarnos asumiendo absurdamente que somos y seremos aquella misma persona que conocimos hace años, lamentablemente nos encaminamos hacia una muerte anunciada.

Descubrirnos y aprender a amarnos en cada etapa de nuestra vida es el secreto, porque el amor también cambia, reconocernos y reinventarnos como uno y como dos, como individuos y como pareja es lo que nos vuelve fuertes, lo que nos vuelve cercanos y lo que vuelve este viaje tan lindo y a veces tan retador mucho más entretenido y muchísimo más hermoso, sin dejar nunca de lado lo que para mí personalmente es medular, Dios.

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Amorescentes…

¿Han escuchado la palabra “aborrescentes” cuando alguien trata de referirse a un adolescente?

Bueno, quizá los chiquillos se ganaron el término a pulso (igual que uno en su momento) pero yo la verdad es que siempre me he sentido incómoda con esa palabra, no me gusta y por eso uso la mía para describir esa edad tan particular, encantadora y desafiante, “amorescencia”.

Cuando uno tiene hijos muchas cosas cambian, cuando uno tiene hijos adolescentes, muchas más cosas lo hacen y aquí estamos, aprendiendo, disfrutando, creciendo juntos e ingeniándonoslas para formar parte de sus vidas aún cuando su naturaleza ahora nos marca la cancha y tenemos que aprender a leer entre líneas, a conseguir interpretar oraciones completas de escasas palabras, a desarrollar poder mental para saber lo que piensan y ver más allá de lo que muestran, mucho más allá, ya no son ese planetita que gira alrededor del Sol, ya no somos su astro más brillante y qué bueno que sea así porque es parte de crecer, necesario para que la vida siga su curso, para que vayan definiendo su personalidad, su estilo, en fin su identidad propia; ahora de tanto en tanto tenemos que encontrar, de formas creativas la manera de seguir siendo ese puerto seguro, ese “go to person” porque perdemos popularidad y lo que antes resultaba efectivo para fortalecer el vínculo ya no necesariamente funciona, o lo hace un día sí y otro no…

Hoy reflexiono un poco y concluyo que al final lo que importa es que nos sientan cerca, que se sepan profundamente amados, aceptados, valorados y respetados aunque no siempre comprendidos, que les quede claro que entre más grande su temor, más grande su angustia o más grande sea el problema que los agobia más rápido pueden correr hacia nosotros, a nuestros abrazo, que aquí estamos para ellos siempre y de forma incondicional; y nosotros como padres debemos tener muy claro que también tuvimos esa edad, que también sentimos esos deseos de desafiar al mundo, ese instinto rebelde que surge de la formación de nuestra personalidad, del descubrimiento y la confusión, que del caos también surgen cosas maravillosas, necesitamos recordar cómo nos sentíamos y lo que nos hacia bien y mal al llegar a nuestro hogar para implementar lo bueno y aplicar las variantes necesarias en que se debe mejorar, recordar que en este continuo descubrirse de nuestros amorescentes hay muchísimas cosas que no podemos tomarnos de forma personal, “los adultos somos nosotros”, es claro que los límites deben estar establecidos, definitivamente la cancha tiene que estar marcada también desde nuestro lado y por lo demás, esas pequeñas cosas que se salen de nuestras manos a pesar de nuestro mejor esfuerzo, nuestra entrega total y nuestro profundo amor dejémoslas en manos de Dios, nadie va amar a nuestros retoños más que Él, ni aún nosotros mismos por increíble que parezca, Él marcará siempre una diferencia en la vida de nuestros chicos y cumplirá ese propósito maravilloso en ellos para el cual los creó.

Hoy les invito a amar el doble a nuestros amorescentes, lo necesitan más que nunca.

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Un poquito de hambre y un poquito de frío…

Como padres y madres, deseamos con vehemencia que nuestros hijos tengan todo lo que necesitan, si tuvimos carencias nos esforzamos para que ellos no las tengan y en ese afán por darles incluso más de lo que necesitan, olvidamos que necesitan crecer con un poquito de hambre y un poquito de frío… No me lo tomen literal, lo que quiero decir es que no podemos darle a nuestros pequeños todo lo que pidan y tampoco todo lo que quisiéramos porque a la larga resulta contraproducente.

Si les allanamos el camino siempre y por querer ayudarlos quitamos de sus hombros las responsabilidades que deberían tener de acuerdo con su edad, estamos colaborando con criar y formar generaciones que se sienten dignas y merecedoras de todo cuando hay bajo la ley del mínimo esfuerzo.

Enfocarnos en el adulto que queremos ver nos permite ubicarnos en el hoy, en esas conductas que necesitan ser trabajadas, en los comportamientos que deben ser moldeados y en los límites que necesitan ser establecidos, tanto para ellos como niños como para nosotros los adultos.

No se trata de si tengo los recursos o no para comprar el juguete hoy, el helado mañana y la salida al cine al día siguiente, se trata de que nuestros chicos puedan tolerar también un “no” por respuesta y sepan manejar la frustración que eso conlleva, que aporten con su granito de arena a la mecánica familiar y sepan que las cosas tienen su costo y no sale automáticamente dinero de una tarjeta cuando vas al cajero, que valoren los esfuerzos y los sacrificios, pero cuando damos a manos llenas por temor a causar en ellos algún trauma para que no se sientan inferiores o simplemente para que no les falte nada, los ponemos en una posición complicada dentro de la sociedad, no les enseñamos el valor del esfuerzo sino de las cosas rápidas, lo instantáneo no requiere paciencia, y crecen como personitas poco agradecidas que dan por sentado lo que tienen porque siempre han visto abundancia.

Nuevamente, no me refiero a dejarlos con hambre, ni que tengan frío de forma literal, mi punto es que debemos ser conscientes de darles con medida, de darles para que aprendan a valorar y agradecer, de darles para forjar adultos que tengan las prioridades claras, de generar en ellos el sentido de responsabilidad y la importancia del agradecimiento, eso también les permitirá aprender que las cosas no se obtienen por arte de magia, requieren sacrificio, esfuerzo y paciencia.

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Dejarte ser…

Ser tú

Dejarte ser.

Dejarte fluir.

Con tus silencios, tus pausas y tus espacios de meditación, esos tiempos en los que te sumerges en el análisis de alguna situación profunda o absurda pero tuya, importante al fin y al cabo, al menos para ti.

Ser tú.

Con tu frescura, la carcajada inesperada, la mirada brillante, expectante e ilusionada, como la de un niño que está por abrir un regalo.

Ser tú.

Con las alas escondidas un rato por el cansancio del vuelo o sacudiéndolas fuertemente lista para volar otra vez.

Dejarte ser.

Vulnerable y frágil, fuerte y resistente, resiliente y humana.

Ser tú.

Con tus pasiones y sueños, únicos porque son tuyos, incomprensibles para otros porque te fueron dados a ti, con esa enorme lista de cualidades y los pequeños puntos negros que todos tenemos que trabajar.

Ser tú.

Con el chiste malo, con la ternura que te produce un niño, la tristeza que te provocan la injusticia o la desigualdad; con la palabra sabia y la opinión contraria, con la bondad que se asoma constantemente y el temperamento fuerte, prudente y astuto que no te permite darle a todos el beneficio de la duda.

Ser tú, con las emociones siempre a flor de piel, con una sensibilidad a prueba de balas.

Ser tú.

Porque simple y sencillamente no hay nada más maravilloso en la vida y al mismo tiempo nada es tan cautivador como las personas genuinas.

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Fotografia: https://pin.it/jcnelldqjbjegt