Los tesoros de mi baúl.

Quedan las vivencias, quedan los recuerdos, quedan las historias y las anécdotas. Quedan las lágrimas, las risas, el cariño y el aprendizaje.

Queda lo no tangible, eso que no caduca y que permanece para siempre en nuestra mente y en nuestro corazón, todo aquello que alimentó el alma y engrandeció el espíritu.

Queda el amor, los lazos que nos unen con seres maravillosos, queda la satisfacción de alcanzar una meta, de conquistarnos a nosotros mismos y de haber abrazado las innumerables experiencias que ofrece la vida porque muchas de esas oportunidades no se presentan por segunda vez.

Todo lo demás, lo que se cuenta, lo que se mide y se calcula en exceso pasa de lejos sin dejar mayor huella.

Como dijo el principito: “Solo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos.”

-FMS-