Un poquito de hambre y un poquito de frío…

Como padres y madres, deseamos con vehemencia que nuestros hijos tengan todo lo que necesitan, si tuvimos carencias nos esforzamos para que ellos no las tengan y en ese afán por darles incluso más de lo que necesitan, olvidamos que necesitan crecer con un poquito de hambre y un poquito de frío… No me lo tomen literal, lo que quiero decir es que no podemos darle a nuestros pequeños todo lo que pidan y tampoco todo lo que quisiéramos porque a la larga resulta contraproducente.

Si les allanamos el camino siempre y por querer ayudarlos quitamos de sus hombros las responsabilidades que deberían tener de acuerdo con su edad, estamos colaborando con criar y formar generaciones que se sienten dignas y merecedoras de todo cuando hay bajo la ley del mínimo esfuerzo.

Enfocarnos en el adulto que queremos ver nos permite ubicarnos en el hoy, en esas conductas que necesitan ser trabajadas, en los comportamientos que deben ser moldeados y en los límites que necesitan ser establecidos, tanto para ellos como niños como para nosotros los adultos.

No se trata de si tengo los recursos o no para comprar el juguete hoy, el helado mañana y la salida al cine al día siguiente, se trata de que nuestros chicos puedan tolerar también un “no” por respuesta y sepan manejar la frustración que eso conlleva, que aporten con su granito de arena a la mecánica familiar y sepan que las cosas tienen su costo y no sale automáticamente dinero de una tarjeta cuando vas al cajero, que valoren los esfuerzos y los sacrificios, pero cuando damos a manos llenas por temor a causar en ellos algún trauma para que no se sientan inferiores o simplemente para que no les falte nada, los ponemos en una posición complicada dentro de la sociedad, no les enseñamos el valor del esfuerzo sino de las cosas rápidas, lo instantáneo no requiere paciencia, y crecen como personitas poco agradecidas que dan por sentado lo que tienen porque siempre han visto abundancia.

Nuevamente, no me refiero a dejarlos con hambre, ni que tengan frío de forma literal, mi punto es que debemos ser conscientes de darles con medida, de darles para que aprendan a valorar y agradecer, de darles para forjar adultos que tengan las prioridades claras, de generar en ellos el sentido de responsabilidad y la importancia del agradecimiento, eso también les permitirá aprender que las cosas no se obtienen por arte de magia, requieren sacrificio, esfuerzo y paciencia.

•FMS by ©Mi vagón del tren

Fotografía: https://pin.it/4rmdw7kkvve7yl

Ojitos atentos, paginas en blanco…

Si tus hijos te ven diciendo la verdad, aprenden a hablar con la verdad.

Si tus hijos te ven ayudar a otros, aprenden que hay alegría en dar a los demás.

Si tus hijos te ven llorar, aprenden que ser valientes también implica ser vulnerables algunas veces.

Si tus hijos te ven disculparte o perdonar, aprenden que la humildad nos hace grandes y mejores seres humanos, que el perdón es libertad.

Si tus hijos se saben amados, aprenderán a amar.

Si tus hijos te ven luchar por lo que sueñas, aprenderán que aunque no sea fácil todo esfuerzo vale la pena.

Si tus hijos se sienten respetados, aprenderán a respetar.

Si tus hijos se saben escuchados, aprenderán a escuchar.

Si tus hijos te ven orar, aprenderán a poner todas las situaciones en manos de Dios.

Si tus hijos ven congruencia en lo que haces y dices, aprenderán a ser personas genuinas, reales.

Si tus hijos te ven devolver esas monedas de más que te dieron por error, aprenderán a ser honestos, honrados.

Si tus hijos te ven valorar la vida, cuidarla y disfrutarla, no cesarán de maravillarse por los pequeños grandes milagros que nos rodean día con día.

Si tus hijos te ven reírte de ti mismo de cuando en cuando, aprenderán que en ocasiones no debemos tomarnos todo tan enserio.

Si tus hijos te ven disfrutar de la comida y el ejercicio, aprenderán que todo tiene su grado de importancia.

Si tus hijos te ven trabajar en ordenar tus prioridades correctamente, aprenderán sobre balance y equilibrio.

Si tus hijos te ven ser feliz, aprenderán que la felicidad depende de ellos y no está ligada a las circunstancias ni a las personas.

Y todo, todo, aplica igual cuando es a la inversa…

FMS by ©Mi vagón del tren

Fotografía: https://pin.it/cu4lx6xcryjdcb

Estar a la altura…

No se necesita tener un interrogatorio preparado para poder conversar con nuestros hijos, es mucho mejor crear un ambiente donde cada vez que lleguen encuentren amor, paz, respeto, seguridad y aceptación.

Ninguno de nosotros se siente cómodo si al conversar con alguien solo recibe preguntas, por otro lado, un oído atento, un poco de empatía y el tan subvalorado contacto visual pueden hacer maravillas.

Crear un canal de comunicación íntima y profunda no es una tarea de la noche a la mañana, requiere esfuerzo y dedicación (como todo lo que vale la pena), ése canal empieza desde que son pequeños, porque las cosas que les emocionan o les afligen y que en ocasiones nos parecen risiblemente inocentes o pequeñas según nuestra “gran estatura adulta” son las que se convertirán más adelante en temas críticos, por eso, procuremos darle la importancia que merecen; los niños no van a contarnos algo que no sea significativo para ellos y si les mostramos que lo que tienen para decir es igual de significativo para nosotros, muchas historias pueden ser distintas.

A veces lo único que se necesita es estar a la altura. ❤️

FMS

Fotografía: https://pin.it/cgxwkqq3vi3ar5

Los niños…

20 de Noviembre, Día Universal del niño.

Los niños son los seres humanos más vulnerables, más nobles, más puros y más inocentes sobre la faz de la tierra, ellos son la esperanza del mundo en envase frágil, sin embargo, muchos de estos pequeños maestros son diariamente maltratados, destruidos, abandonados, abusados, agredidos y asesinados…

Es difícil para mí poner en palabras el dolor que me causan las noticias de este tipo, la indignación y la impotencia que me embarga ante situaciones en las que los niños son las víctimas, siempre los niños, trato de estar informada sobre lo que sucede en el mundo pero conozco mis límites y hay temas que me encuentran siempre con la “guardia baja”, me duelen, me destrozan, me envenenan el alma y me impresionan al punto de robarme la paz, la sonrisa, la fe en las personas y hasta la esperanza en el mundo.

Los niños son para mí la luz de esperanza al final del túnel, el motor que me impulsa a ser la mejor versión de mí misma y a luchar por dejar un mejor planeta del que conozco, ellos son la sonrisa espontánea, el abrazo a tiempo, el comentario audaz que nos hace romper en carcajadas, son la frescura y la paz, un pedacito de cielo que nos recuerda que la vida es breve, que todo cuanto tenemos es transitorio pero un beso, un abrazo y un buen rato de juego quedan para siempre en la mente y en el corazón. Necesitamos su inocencia, su nobleza, su ternura y su esperanza, sus ocurrencias y sus sonrisas, necesitamos dejar que nos enseñen nuevamente a amar de manera desinteresada, a perdonar rápidamente y no guardar rencor, a creer en las personas y a maravillarnos con las cosas más simples.

Los niños son un libro de páginas en blanco, listo para que escribamos en él las mejores historias, los mejores momentos y grabemos en sus mentes los mejores recuerdos, son la mezcla perfecta entre un pequeño aprendiz y un gran maestro.

Tener un niño cerca es más que un privilegio, es una necesidad, ellos son medicina para el alma.

Nosotros los “grandes”, debemos recordar que los niños son nuestra responsabilidad, necesitan tener cerca un adulto que los ame, que los proteja, que los acompañe y les muestre el camino con amor, paciencia, respeto y empatía. Un adulto imperfecto sí, pero con ganas de ser cada día un poquito mejor para brindarle a ese pequeño la seguridad y pertenencia que necesita, un adulto que con su ejemplo modele misericordia y respeto por la vida, que le permita tener esperanza, soñar y crecer libremente, sabiéndose especial, valorado, único y capaz de alcanzar sus metas.

Guardemos sus corazones, dejemos huellas positivas en ellos y de paso, elevemos una oración por aquellos que solo han conocido la tristeza, el luto, el dolor y la violencia.

Una acción de nuestra parte podría parecer aislada, pero muchas “acciones aisladas” siempre marcan una diferencia.

-FMS-

La música de mi alma.

Hoy, quiero dejarme contagiar de la risa espontánea de mis hijas, de su manera de celebrar con un baile loco y descoordinado algo que les llena de alegría y emoción, quiero dejar que esa mirada tímida, brillante y profunda que tienen cuando quieren abrirme su corazón pueda tocar el mío, que sus palabras retumben en mis oídos y su ternura me sensibilice siempre. 

Hoy, quiero estar más consciente que nunca que aunque son pequeñas muy pronto dejarán de serlo, quiero aprovechar cada momento que tengo a su lado para recordarles lo mucho que las amo y lo valiosas que son. 

Hoy, quiero dejarme absorber por su mundo pequeñito, alegre y colorido y no contagiarlas de las preocupaciones adultas, ya en su momento la vida las llevara allí… Quiero tomar su mano y caminar junto a ellas sumergida en las conversaciones más fantásticas, colmadas de magia, inocencia, dulzura, bondad y “¿por qués?”

Hoy, quiero dejarme envolver por ese amor sin límites, desinteresado y puro que cura la mayor dolencia con un beso, que espera con ansias un cuento, que pone en mi alma una canción nueva cada día e ilumina mi vida.

Hoy, que nuestros hijos son pequeños, que los tenemos cerca y seguimos siendo su astro más brillante, hoy que siguen de cierta manera girando a nuestro alrededor y seguimos pareciéndoles únicos y omnipotentes, hoy que no han volado todavía, dejémonos contagiar por su mundo, dejémonos absorber por sus risas, sus abrazos y su amor incondicional, pongámonos a su altura, miremos a sus ojos, respondamos su sonrisa, agradezcamos sus dibujos, disfrutemos de un juego y entreguémonos a su historia… 

FMS-