¿Ya sonreíste hoy?

Cuando estaba pequeña y me daba mucha risa algo, en varias ocasiones alguien importante para mí me dijo: “la risa abunda en la boca de los tontos”, a pesar de que estoy completamente en desacuerdo con esa afirmación, en aquel momento eso hizo que a pesar de que seguí sonriendo lo hiciera con menos frecuencia, esto hasta que en mi adolescencia me encontré con un joven cuyo espíritu noble, alegre, impetuoso y divertido hizo que volviera a mí aquel porcentaje de risa que había perdido, se lo he dicho siempre, porque a final de cuentas me casé con él, “me enseñaste de nuevo a reír”.

De eso hacen ya más de 20 años y quise escribir acerca de esto porque las etapas de la vida, las preocupaciones, la familia, el trabajo, en fin todas esas variables muchas veces nos juegan en contra, se vuelven tan grandes que el peso sobre nuestros hombros es agobiante y nos roba la sonrisa, se ahoga la tan necesaria y medicinal risa, crecemos y de cierta forma el adulto responsable, equilibrado, maduro y ecuánime en nosotros nos hace olvidar que algunas veces, no las menos sino las más necesitamos reírnos.

Estudios científicos revelan importantes reacciones positivas que se dan en nuestros cuerpos al darnos la oportunidad de reír libremente.

Los seres humanos necesitan risas, las parejas necesitan reírse juntas, las familias necesitan reírse entre ellos y de ellos, todos necesitamos aprender a reírnos de nosotros mismos en algún punto, es como un efecto en cadena saben, cuando eres consciente de que tu vida, tu hogar y tu familia están con el “tanquecito de risas” con la aguja en “échele”, algo tiene que suceder, y una vez que nos damos permiso de hacerlo, vuelve a ser la regla y no la excepción.

No en vano puso Dios en cada uno de nosotros una buena dosis de sentido del humor, sabía que íbamos a necesitarla.

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Decisiones

Creer, está en mí.

Hacer, está en mí.

Volar, está en mí.

Avanzar, está en mí.

Evolucionar, está en mí…

Dudar, está en mí.

Procastinar, está en mí.

Descender, está en mí.

Ralentizar, está en mí.

Involucionar, está en mí…

Y tú, ¿qué decides?

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Introspección…

¿Les ha sucedido?

Han sentido alguna vez como su cuerpo, su mente, su alma y su espíritu colapsan y convergen en un punto de encuentro, un común denominador, una necesidad urgente de inyectarse vida, color, esperanza, motivos, sentido y propósito…

Creo que sucede cuando de cierta forma nos absorbe el sistema y la cotidianidad se apodera de nosotros, nos alcanzan situaciones inconclusas de la vida y nos rebasan, emociones escondidas salen a flote o simplemente la edad y sus cambios nos juegan una mala pasada, entramos en trance y caminamos cada día en piloto automático, sin ver detalles, sin maravillarnos con las cosas simples, sin realizar lo afortunados que somos de ver un día más, de poder escuchar la sonrisa de nuestros hijos y abrazar a nuestras personas favoritas, obviamos esos pequeños grandes placeres hasta que por fuerza, por decisión o necesidad despertamos a una nueva consciencia y caemos en cuenta, no hay tiempo para perder… Es entonces cuando ese maravilloso héroe interno, ese inexplicable soplo divino que llevamos dentro sale de pronto como el genio de la lámpara de Aladino y nos mira, nos confronta, nos exhorta, lo sigue un encuentro de titanes entre el “yo” que se resiste y el que desea dejarse vencer por la esperanza, es con esa resiliente fuerza interna que surgimos de las cenizas y empezamos como el águila, con profundo dolor a arrancarnos las plumas que no nos sirven más y solo nos generan peso muerto, necesitamos volar alto, libres, necesitamos reencontrarnos con nosotros mismos en esta nueva versión, conectar con lo que somos para poder nuevamente conectar con los demás.

De nadie depende, nadie puede hacerlo por nosotros, es una labor de uno; educar nuestros ojos para mirar más allá de lo que tenemos enfrente, enseñar a nuestro corazón a sentir, a vivir y amar con consciencia plena y entrega porque el instante que vivimos no se repetirá nunca más, lo que tenemos cerca y quienes caminan a nuestro lado y llenan de luz parte de nuestras vidas, podrían mañana no estar.

Vivir, vibrar, dejar huella, ser mensaje, fluir en nosotros y también para los otros, tener sentido, tener propósito.

Valorar todo siempre desde el agradecimiento, eso por defecto lo cambia todo.

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Fotografia: Mi vagón del tren

La distancia es relativa…

Dicen que no se puede, pero yo creo que sí…

Creo que podemos amarnos profundamente aún estando lejos.

Creo que puedo sentirte cerca aunque no estés aquí.

Creo en conexiones que trascienden, en corazones que laten juntos, en amores verdaderos y valientes que luchan cada día contra la distancia para encontrarse en los pequeños momentos, en los pequeños detalles y volverse fuertes allí, donde en ocasiones reina la incertidumbre pero siempre gana el amor.

Creo en esos silencios en que invades mi mente, creo en lo que me dicen mis labios y lo que recuerda mi piel… Cierro mis ojos y se dibuja una sonrisa en mi rostro al imaginar la tuya, casi puedo escuchar tu voz como un susurro en mi oído, el sonido de tu respiración; están tatuadas en mi cuerpo tus caricias y como el aroma de un perfume tu olor me invade de cuando en cuando…

Creo entonces que tanto amor no se me queda dentro, viaja, a través del tiempo y el espacio para llegar a ti, para hacerte sonreír, para erizarte la piel y aunque inexplicable está, allí, vivo, mi abrazo te encuentra y te rodea de la misma forma en que el tuyo me rodea a mí como una fuerza invisible que me atrae y entonces de nuevo me vuelvo fuerte, se van mis miedos, se disipan mis dudas y me abraza la certeza, somos nosotros, tú y yo quienes escribimos esta historia.

La distancia es relativa, tantos hay que estando cerca están distantes y sin embargo, a muchos como nosotros la lejanía paradójicamente y contra todo pronóstico se les vuelve leña seca para esa hoguera que no cesa de arder…

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De cara al Sol y de cara al viento…

Como en toda empresa en la vida, como en toda relación, el éxito depende del compromiso real de los involucrados.

Del conocimiento claro de que con nuestras virtudes a favor y a pesar de nuestras áreas en proceso está vivo el anhelo latente y la decisión consciente de crecer, de aprender para cada vez ser mejores, amar mejor, vivir mejor.

Nuestra vida es un crecimiento constante, cada etapa presenta un nuevo desafío y la verdad es que al final, ¿qué sería la vida sin esos retos, sin ese tener que conocernos constantemente, sin ese quebrarnos y tener la capacidad de volvernos a armar con el entendimiento de que cada vez que nos armamos, no somos la versión pasada sino una siempre mejorada de nosotros mismos.

Como en toda empresa en la vida, como en toda relación el éxito depende del compromiso real de los involucrados, de la entrega justa, la empatía, el respeto y la consideración, del no siempre buscar ganar incluso a costa de otros sino, de ver la importancia de la humildad en el proceso, de poder ser fuertes cuando la situación lo amerita y vulnerables cuando así lo sintamos, siempre con el corazón seguro, siempre con el corazón en paz.

Cada etapa de la vida tiene su dulce-amargo, pero tomar lo que viene con humor, con paciencia y con una esperanza renovada siempre dará buenos frutos a nuestro favor, después de todo la perfección como dijo Benedetti, “es una pulida colección de errores”, y me gusta pensar que para nuestro propio bien nunca la alcanzamos, cuando ya creemos dominar lo que sentimos, vivimos y experimentamos en una de esas estaciones, el tren arranca de nuevo y nos encontramos frente a parajes desconocidos y aventuras inciertas, en las que de nuevo con amor y una buena dosis de las cualidades antes mencionadas emprendemos el camino al maravilloso auto-conocimiento mientras le tomamos el gustito al momento, antes de que el tren se despida de nuevo y retome el camino hacia la siguiente estación.

Que se venga la vida que aquí la espero, para disfrutarla, con mis brazos abiertos, con mi sonrisa y un corazón dispuesto a reír, a llorar y a dejarse moldear.

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Calma

Si requirió de tu mejor esfuerzo y lleva impregnado todo tu amor, entonces descansa… no te angusties, no te culpes, quita el peso de tus hombros y busca la paz.

Todo lo hecho de esa manera eventualmente dará frutos.

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Fotografía: Mi vagón del tren

Enfoque…

Al final de cuentas es una decisión, nuestra y de nadie más… Confiar y creer que hay luz y buscarla, aún en medio del dolor, el miedo, la traición y la incertidumbre siempre habrá esperanza.

Está bien decir en un momento determinado “no puedo más” y dejarte ser vulnerable, pero debe ser la excepción y no la regla, repetirlo como un mantra nunca le ha hecho bien a nadie.

Todo pasa, todo acaba, ninguna situación es eterna, todo en esta vida es temporal; tenerlo claro nos ayuda a enfocarnos en “el día después de”, esa mañana en que cesó la tormenta y el mar está de nuevo en calma, nos ubica en esa famosa luz al final del túnel y no en la oscuridad que de momento nos rodea.

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Avanti

Generalizar es equivocarse, no puede uno cerrarse a vivencias maravillosas por malas experiencias.

La vida se tiene que vivir, tenemos que decidir crecer y después de un luto necesario seguir adelante.

Quedarse en el pasado no aporta nada a nuestra vida y dejar de creer en las personas tampoco.

Quien se cuida siempre de no sufrir, termina viviendo a medias.

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Fotografía: Mi vagón del tren.

Gotitas de realidad…

Los años te enseñan si estás dispuesto a aprender, el tiempo no pasa en vano, no debería… El escaso crecimiento como seres humanos está fuertemente ligado con la falta de humildad de reconocernos obras en proceso.

Cuando dices así soy, así seré y nunca cambiaré estás ahogando la maravillosa y libertadora sensación de renacer, de reencontrarte, reivindicarte, explorarte y reinventarte, de descubrir todo aquello de lo que eres capaz como ser humano, como individuo, como amigo, como hijo, ¡como lo que sea!

La edad llega, inevitablemente, pero el crecimiento depende de cada uno, no es inherente es opcional, lo sucede siempre una decisión, la de aprender de lo vivido.

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Esto no es conmigo…

Y sigo con mi día… Haciéndome la distraída cuando visitas mi mente.

Camino, hacia adelante, con paso firme, el doble juego no es lo mío, es lo tuyo; eso de herir adrede no va conmigo.

Toxicidad que embriaga sumada a una frialdad siempre calculada.

Parece un susurro a mi oído tu llamado, intangible, irreal y contradictoriamente presente, claro; como esa atrevida y agradable brisa que te envuelve sorpresivamente y te despeina, tanto que entorpece tu visión.

Y digo para mí misma con el alma quieta y el corazón en paz: “no gracias”.

Y sonrío, fuerte.

Y sonrío, libre.

Esto, no es conmigo.

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Fotografía: FMS ©By Mi vagón del tren