Lo más sencillo es decir “no existe”

Una relación se construye día a día con dosis constantes y equitativas de compromiso, esfuerzo y dedicación.

Con risas y también con lágrimas.

En un mundo acostumbrado a lo instantáneo donde muchas cosas parecen ser desechables y se nos motiva a dejar atrás y a soltar prácticamente todo, es importante tener claro que una relación de pareja exitosa no tiene una receta mágica, tampoco sucede de la noche a la mañana, es el resultado de dos seres humanos imperfectos que decidieron unirse para amarse, crecer, aprender el uno del otro, apoyarse, respetarse y valorarse.

Me encuentro tantas personas hablando sobre la no existencia del amor verdadero que no puedo evitar el preguntarme: ¿cuál es tu concepto de amor verdadero? ¿Eres lo que buscas en otros? ¿Estás dispuesto o dispuesta a dar lo que demandas recibir?

Es cierto que hay relaciones fallidas, fracasos que dejan heridas y experiencias dolorosas pero deberían ser la excepción y no la regla.

Cuando como seres pensantes nos permitimos evaluar la persona o relación en la que estamos involucrándonos, vemos señales, comportamientos y tenemos claro nuestro valor es más difícil que nos dejemos dominar por peligrosas emociones pasajeras, no es cierto que el amor es ciego, el amor debe tener los ojos bien abiertos, los oídos muy atentos y el cerebro encendido, debe ser inteligente y cuidadoso, si de buenas a primeras nos entregamos en bandeja de plata y saltamos al vacío sin ningún tipo de red protectora corremos el riesgo de terminar lastimados y eso no necesariamente es culpa del amor o de la otra persona sino responsabilidad únicamente nuestra; el otro día escuchaba una canción cuya letra iniciaba con estas líneas: “yo sabía que esta relación no tenía futuro, que iba terminar mal”, inevitablemente lo primero que pensé fue “entonces ¿qué sentido tenía iniciarla?”, lo curioso es que es la realidad de muchas personas que con buenas intenciones dan el beneficio de la duda a comportamientos que difícilmente mejoren, me gustaría aclarar que creo en el poder del amor para generar cambios pero eso viene desde el interior de cada ser humano y no necesariamente está en nuestras manos producir esos cambios.

He estado con mi pareja un total de 22 años y no siempre ha sido sencillo, no somos las mismas personas que a los 18 años cuando nos conocimos, hemos crecido, cambiado y llorado, nos hemos lastimado y nos hemos perdonado, hemos reído, hemos construido pero sobre todo nos hemos amado y procuramos con frecuencia recordar que seguimos siendo seres independientes unidos por elección propia para vivir esta maravillosa aventura llamada vida, tenemos acuerdos y desacuerdos, hemos atravesado verano, invierno, otoño y primavera y hemos también utilizado muchísimos de los colores de la paleta, entendiendo cada color como una situación a enfrentar, pero decidimos hacerlo juntos, entendimos que somos más fuertes cuando estamos unidos.

¿Hemos querido tirar la toalla? Quizá alguna vez, pero se ha invertido tanto que decidimos que gane el amor, porque sabemos lo que tenemos.

Una relación necesita romanticismo, palabras bonitas de admiración, reconocimiento y respeto, una relación necesita seguir diciendo ”te amo”, necesita poder decir “perdón”, no necesita orgullo y soberbia necesita humildad, una relación necesita escuchar, escuchar con detalle y atención lo que la persona precisa decir, lo que le asusta, lo que le gusta, lo que está viviendo, necesita conversaciones profundas y superficiales.

Una relación necesita mirar a los ojos, necesita risas y chistes, necesita pasión, picardía y sensualidad.

La persona a nuestro lado necesita saberse nuestra prioridad, necesita saber que es merecedora de nuestro respeto y tener claro lo que significa para nosotros.

Claro que es más sencillo brincar de relación en relación y quedarse mientras duran las mariposas en el estómago, la etapa del enamoramiento es deliciosa pero las bases no se construyen ni se mantienen de esa manera.

Cuántas parejas escuchamos que no sienten siquiera deseos de regresar a casa, ahora yo pregunto, esto es sobre ti no sobre tu pareja: ¿estás haciendo de tu hogar un lugar donde a ti misma(o) te gustaría llegar? ¿Es tu hogar un puerto seguro para tu familia o un campo de batalla lleno de frustración y reclamos?

Una flor crece con cuidados, con la dosis necesaria de cada uno de sus elementos vitales pero a veces creemos que una relación tiene que crecer sola y dejamos de cuidarla, de abonarla y de podarla.

No hablo aquí de relaciones tóxicas y nocivas, no hablo de mantener relaciones donde nos anulamos como personas, donde la infidelidad o la agresión viven dentro, lo que atenta contra nuestra vida y nuestra integridad NO es negociable, hablo aquí de todo lo que sí se puede hacer cuando sabemos que tenemos una persona valiosa a nuestro lado, un ser humano con virtudes como nosotros y con defectos como nosotros.

Todos tenemos “nuestro paquete”, todos cargamos heridas, conductas modeladas, experiencias previas que nos han marcado de alguna manera pero todos tenemos también la capacidad de decidir algo diferente para nuestra vida y nuestras familias o relaciones, tenemos a nuestro haber la capacidad de romper patrones y escribir historias nuevas y diferentes, todos tenemos peculiaridades que pueden convertirse en un tema delicado en una relación y es allí donde nuestra determinación y compromiso marcan una diferencia porque por lo general son comportamientos que también nos afectan a nosotros mismos y que trabajarlos en primera estancia beneficiará nuestra vida y como consecuencia nuestra forma de relacionarnos.

Hay situaciones medulares que no se pueden aceptar pero hay otras pequeñas facetas que se pueden trabajar como pareja y que nos hará muy bien hacerlo, no, no todo es desechable.

Enfocarnos en lo bueno, en lo admirable, en esas características que te hicieron amar a esa persona en primera instancia y mantener los detalles puede recordarnos cómo las cosas pueden volver a ser.

No se trata solo de soltar, sino también de amar, cuidar y sanar, no se trata solo de soltar sino también de no agarrar cualquier cosa.

Amemos con inteligencia y sentido común y procuremos construir en lugar de estar destruyendo, decidamos unificar en lugar de disolver.

El amor verdadero sí existe, no es perfecto porque nadie lo es pero cuando es genuino, está cerca de serlo.

FMS ©By Mi vagón del tren

Fotografía: https://pin.it/nzl5jxgbeibrnh

Creo en el amor

Creo en el amor más allá del enamoramiento, de las primeras miradas, el primer beso o las primeras caricias.

Creo en el amor que desafía el tiempo, que construye y va dejando atrás las mariposas en el estómago porque crece, madura, se adapta y se transforma. Creo en el amor que no busca una satisfacción egoísta y temporal sino una entrega sana, equilibrada y justa, creo en esa conexión que trasciende el tiempo y el espacio porque va mucho más allá de lo físico, almas unidas por un lenguaje sin palabras donde incluso, de los mayores silencios pueden surgir las conversaciones más profundas. 

Creo en el amor que te inspira, te motiva y te estimula a ser mejor, a desarrollarte y abrir tus alas, con orgullo y sin envidia, ese amor que cree en ti especialmente en los momentos en los que no crees en nadie. Creo en el amor que comparte sueños y proyectos, alegrías y tristezas, aciertos y desaciertos sin perder su esencia y su individualidad.

Creo en el amor humilde que reconoce sus errores y decide aprender de ellos, el amor que se recupera de las caídas, se reinventa y sabe virar en “U” no para retroceder sino para retomar, creo en el amor que cambia comprendiendo que cada etapa de la vida tiene desafíos distintos, requerimientos diferentes y algunos períodos de tiempo demandan un esfuerzo adicional, creo en ese amor imperfecto pero comprometido que decide superar los obstáculos.

Creo en el amor que comunica y escucha.

Creo en el beso de buenas noches y el abrazo de buenos días, en irme a la cama con mi amante, dormir con mi compañero de aventuras y amanecer al lado de mi mejor amigo, creo en la nobleza de tu mirada y la bondad de tu corazón, creo en las “carreras matutinas” que parecen competencias de relevos (principalmente cuando hay hijos en el medio), creo en arrebatarle al tiempo esos minutos solo nuestros que nos recuerdan lo que éramos, lo que somos y lo que queremos ser, creo en que nos sobre espacio al sentarnos en el sillón o acostarnos en la cama, en tu copa de vino y mi chocolate caliente al terminar el día, en nuestras horas de tertulia o nuestros tiempos de lectura, creo en ese “quiero un rato solo mío” al que libremente respondo “yo también”.

Creo en la paz y la libertad de poder ser uno mismo al lado de la persona correcta, esa que conoce tus defectos, tus virtudes, tus temores y aun así se sigue sintiendo afortunado de tenerte a su lado, sigue eligiéndote cada día.

Creo en los abrazos breves y los abrazos largos, en los besos pequeños y los apasionados, en las discusiones y las reconciliaciones, creo en amar en libertad, sin temor a ser lastimados porque incluso el amor más perfecto duele de vez en cuando…

Creo en una boca conocida llena de besos nuevos y en las manos que inventan caricias todos los días aún después de tantos años juntos, creo en la alegría que provoca envejecer al lado de quien amas, con todo lo que eso implica…

Creo en el amor que rompe los esquemas porque se sabe diferente, único y especial, un tesoro invaluable en vías de extinción.

-FMS-