Manitas dispuestas

Un niño pequeño siempre va querer ayudar, son serviciales y colaboradores por naturaleza si les damos la oportunidad, un adulto perfeccionista e impaciente por lo general va preferir hacer las cosas solo, para mayor comodidad y rapidez, y luego, más adelante nos viene más fácil criticar a los chicos cuando no quieren ayudar en los quehaceres de la casa o en cualquier otro escenario.

Peras al olmo… al final recogemos aquello que sembramos en ellos, y si nunca los hicimos parte incluso de las cosas más pequeñas como regar una planta o limpiarle las hojitas, será más complicado cuando crezcan porque colaborar no se les da como algo natural.

Termino como inicié, un niño siempre tiene tiempo y disposición de ayudar, qué les parece si como adultos nos armamos de paciencia y se los permitimos, las cosas no van a quedar perfectas pero la semilla que plantaremos en sus corazones dará fruto y más aún, esa sensación de haber ayudado a papá y mamá quedará como una huella indeleble en sus vidas, más que palabras les demostramos con hechos que son útiles, valiosos y necesarios, que contamos con ellos.

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Sin receta perfecta…

Yo solía decir que el amor siempre sería suficiente pero estaba equivocada, creo que la manera correcta de decirlo es que el amor cuando es mutuo siempre será suficiente, y aún así, el amor por si solo, el amor como tal, como palabra y sentimiento tampoco será nunca suficiente si no se acompaña de una serie de variables indispensables para que exista, crezca y se fortalezca.

El amor para ser suficiente necesita ser justo, ser comprometido, ser comunicado en el lenguaje correcto, ser paciente y construido día a día.

La entrega debe ser recíproca partiendo del hecho de que algunas veces uno de los dos necesitará entregar un poquito más dependiendo de la situación o el momento de la vida en que se encuentren, pero siempre con la certeza de que la balanza pronto encontrará el tan valioso y necesario equilibrio.

Decir “te voy a amar para siempre” es poco realista, “hoy decido amarte para siempre” es un poco más cercano a la realidad porque es una frase que implica un compromiso diario; somos seres en constante cambio, en continuo crecimiento, y si como pareja dejamos de conocernos, si dejamos de escucharnos y de buscarnos asumiendo absurdamente que somos y seremos aquella misma persona que conocimos hace años, lamentablemente nos encaminamos hacia una muerte anunciada.

Descubrirnos y aprender a amarnos en cada etapa de nuestra vida es el secreto, porque el amor también cambia, reconocernos y reinventarnos como uno y como dos, como individuos y como pareja es lo que nos vuelve fuertes, lo que nos vuelve cercanos y lo que vuelve este viaje tan lindo y a veces tan retador mucho más entretenido y muchísimo más hermoso, sin dejar nunca de lado lo que para mí personalmente es medular, Dios.

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Amorescentes…

¿Han escuchado la palabra “aborrescentes” cuando alguien trata de referirse a un adolescente?

Bueno, quizá los chiquillos se ganaron el término a pulso (igual que uno en su momento) pero yo la verdad es que siempre me he sentido incómoda con esa palabra, no me gusta y por eso uso la mía para describir esa edad tan particular, encantadora y desafiante, “amorescencia”.

Cuando uno tiene hijos muchas cosas cambian, cuando uno tiene hijos adolescentes, muchas más cosas lo hacen y aquí estamos, aprendiendo, disfrutando, creciendo juntos e ingeniándonoslas para formar parte de sus vidas aún cuando su naturaleza ahora nos marca la cancha y tenemos que aprender a leer entre líneas, a conseguir interpretar oraciones completas de escasas palabras, a desarrollar poder mental para saber lo que piensan y ver más allá de lo que muestran, mucho más allá, ya no son ese planetita que gira alrededor del Sol, ya no somos su astro más brillante y qué bueno que sea así porque es parte de crecer, necesario para que la vida siga su curso, para que vayan definiendo su personalidad, su estilo, en fin su identidad propia; ahora de tanto en tanto tenemos que encontrar, de formas creativas la manera de seguir siendo ese puerto seguro, ese “go to person” porque perdemos popularidad y lo que antes resultaba efectivo para fortalecer el vínculo ya no necesariamente funciona, o lo hace un día sí y otro no…

Hoy reflexiono un poco y concluyo que al final lo que importa es que nos sientan cerca, que se sepan profundamente amados, aceptados, valorados y respetados aunque no siempre comprendidos, que les quede claro que entre más grande su temor, más grande su angustia o más grande sea el problema que los agobia más rápido pueden correr hacia nosotros, a nuestros abrazo, que aquí estamos para ellos siempre y de forma incondicional; y nosotros como padres debemos tener muy claro que también tuvimos esa edad, que también sentimos esos deseos de desafiar al mundo, ese instinto rebelde que surge de la formación de nuestra personalidad, del descubrimiento y la confusión, que del caos también surgen cosas maravillosas, necesitamos recordar cómo nos sentíamos y lo que nos hacia bien y mal al llegar a nuestro hogar para implementar lo bueno y aplicar las variantes necesarias en que se debe mejorar, recordar que en este continuo descubrirse de nuestros amorescentes hay muchísimas cosas que no podemos tomarnos de forma personal, “los adultos somos nosotros”, es claro que los límites deben estar establecidos, definitivamente la cancha tiene que estar marcada también desde nuestro lado y por lo demás, esas pequeñas cosas que se salen de nuestras manos a pesar de nuestro mejor esfuerzo, nuestra entrega total y nuestro profundo amor dejémoslas en manos de Dios, nadie va amar a nuestros retoños más que Él, ni aún nosotros mismos por increíble que parezca, Él marcará siempre una diferencia en la vida de nuestros chicos y cumplirá ese propósito maravilloso en ellos para el cual los creó.

Hoy les invito a amar el doble a nuestros amorescentes, lo necesitan más que nunca.

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Sujetándole la mano a la nada…

Así, tan triste como se lee, igual de triste se ve…

Pequeñas manitas sujetando el vacío, sin contar las que ya ni eso porque caminan solitas.

Miradas brillantes que buscan encontrar atención, conexión, amor en otro par de ojos que nunca encuentran porque están sumergidos en una pantalla.

Historias, anécdotas, sonrisas y palabras relatadas que quedan flotando en el aire, no llegan a su destino, no encuentran un oído atento que las escuche porque a pesar de la ilusión y emoción con que son contadas, tienen un receptor absorto, hipnotizado viviendo el momento de alguien más y dejando pasar ese instante mágico, leyendo o compartiendo con quienes ni siquiera están a su lado e ignorando a los que sí.

El lado oscuro de la tecnología nos tiene desconectados, nos distancia al punto de convertirnos en perfectos desconocidos.

¿Qué pasó?

¿En qué momento creció?

¿Por qué no me escucha?

¿Cuándo nos perdimos el uno al otro incluso dentro de la misma casa?

Allí, devuelve el disco de tu mente, rebobina la historia de tu vida, allí cuando buscó tu mano y no la tomaste, allí cuando te habló de su día en la escuela, de su momento difícil o de lo que le causó mucha risa y no puedes recordarlo porque no estabas escuchando, un gesto de tu mano dijo “ahora no” y ni siquiera volteaste a mirarlo porque el celular brillaba más que sus ojitos, allí cuando buscó otro círculo, otro lugar seguro y encontró su sentido de pertenencia en otra parte mientras tú seguías viviendo detrás de una pantalla, privando a tu familia de tu irreemplazable y valiosa presencia.

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Emociones a flor de piel…

Miro a mi alrededor y me duele, el clamor de los niños que son maltratados, la desesperanza de los jóvenes que están extraviados, las luchas de poder entre los fuertes sin importar el daño que provocan en los más débiles.

Miro a mi alrededor y me duele la incertidumbre con la que camina el mundo, la soledad que abraza los corazones y la tristeza en la que se ahogan muchos, las lágrimas que brotan y las que se quedan dentro, las palabras que gritan y los silencios forzados.

Miro a mi alrededor y me duele como nos vamos perdiendo, aislando, rodeados de personas pero solos buscando aprobación de seres a quienes ni siquiera conocemos.

Y entonces, cuando el nudo en la garganta me hace respirar con dificultad, se asoma un brillo intenso en la escena de mi mente y miro…

Miro a mi alrededor y veo brotar el amor entre las personas, corazones siendo sanados y escucho canciones de esperanza, de resiliencia y paz, seres humanos a los que el dolor no ha destruido sino que contra todo pronóstico los ha hecho más fuertes, para amar mejor, para amar con entrega y empatía, miro a mi alrededor y encuentro las manos extendidas que siguen diciendo en medio del bullicio “aquí estoy”.

Miro a mi alrededor y escucho niños riendo porque siguen habiendo personas con deseos de amarlos y marcar una diferencia en sus vidas, miro jóvenes que retroceden en sus pasos y vuelven a encontrarse consigo mismos y su valor en aquel punto del camino donde calienta el Sol, porque hubo alguien que se animó y fue a buscarlos, veo personas diciendo sí se puede, y no son las menos sino las más, pero debemos educar nuestros ojos y redireccionar nuestro corazón para dar con ellos, para ver aquello para lo que fueron creados.

Y entonces me emociono, hay esperanza, el mundo sigue siendo un lugar maravilloso, hay mensaje, hay sentido y hay propósito, y por pequeño que parezca el aporte de los corazones que se resisten a dejar de brillar, allí está, y esa luz cálida se propaga y se multiplica porque solo el amor puede salvarnos, el amor como revolución, el amor como la fuerza que mueve al mundo.

Seamos mayoría.

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¿Ya sonreíste hoy?

Cuando estaba pequeña y me daba mucha risa algo, en varias ocasiones alguien importante para mí me dijo: “la risa abunda en la boca de los tontos”, a pesar de que estoy completamente en desacuerdo con esa afirmación, en aquel momento eso hizo que a pesar de que seguí sonriendo lo hiciera con menos frecuencia, esto hasta que en mi adolescencia me encontré con un joven cuyo espíritu noble, alegre, impetuoso y divertido hizo que volviera a mí aquel porcentaje de risa que había perdido, se lo he dicho siempre, porque a final de cuentas me casé con él, “me enseñaste de nuevo a reír”.

De eso hacen ya más de 20 años y quise escribir acerca de esto porque las etapas de la vida, las preocupaciones, la familia, el trabajo, en fin todas esas variables muchas veces nos juegan en contra, se vuelven tan grandes que el peso sobre nuestros hombros es agobiante y nos roba la sonrisa, se ahoga la tan necesaria y medicinal risa, crecemos y de cierta forma el adulto responsable, equilibrado, maduro y ecuánime en nosotros nos hace olvidar que algunas veces, no las menos sino las más necesitamos reírnos.

Estudios científicos revelan importantes reacciones positivas que se dan en nuestros cuerpos al darnos la oportunidad de reír libremente.

Los seres humanos necesitan risas, las parejas necesitan reírse juntas, las familias necesitan reírse entre ellos y de ellos, todos necesitamos aprender a reírnos de nosotros mismos en algún punto, es como un efecto en cadena saben, cuando eres consciente de que tu vida, tu hogar y tu familia están con el “tanquecito de risas” con la aguja en “échele”, algo tiene que suceder, y una vez que nos damos permiso de hacerlo, vuelve a ser la regla y no la excepción.

No en vano puso Dios en cada uno de nosotros una buena dosis de sentido del humor, sabía que íbamos a necesitarla.

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La distancia es relativa…

Dicen que no se puede, pero yo creo que sí…

Creo que podemos amarnos profundamente aún estando lejos.

Creo que puedo sentirte cerca aunque no estés aquí.

Creo en conexiones que trascienden, en corazones que laten juntos, en amores verdaderos y valientes que luchan cada día contra la distancia para encontrarse en los pequeños momentos, en los pequeños detalles y volverse fuertes allí, donde en ocasiones reina la incertidumbre pero siempre gana el amor.

Creo en esos silencios en que invades mi mente, creo en lo que me dicen mis labios y lo que recuerda mi piel… Cierro mis ojos y se dibuja una sonrisa en mi rostro al imaginar la tuya, casi puedo escuchar tu voz como un susurro en mi oído, el sonido de tu respiración; están tatuadas en mi cuerpo tus caricias y como el aroma de un perfume tu olor me invade de cuando en cuando…

Creo entonces que tanto amor no se me queda dentro, viaja, a través del tiempo y el espacio para llegar a ti, para hacerte sonreír, para erizarte la piel y aunque inexplicable está, allí, vivo, mi abrazo te encuentra y te rodea de la misma forma en que el tuyo me rodea a mí como una fuerza invisible que me atrae y entonces de nuevo me vuelvo fuerte, se van mis miedos, se disipan mis dudas y me abraza la certeza, somos nosotros, tú y yo quienes escribimos esta historia.

La distancia es relativa, tantos hay que estando cerca están distantes y sin embargo, a muchos como nosotros la lejanía paradójicamente y contra todo pronóstico se les vuelve leña seca para esa hoguera que no cesa de arder…

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De cara al Sol y de cara al viento…

Como en toda empresa en la vida, como en toda relación, el éxito depende del compromiso real de los involucrados.

Del conocimiento claro de que con nuestras virtudes a favor y a pesar de nuestras áreas en proceso está vivo el anhelo latente y la decisión consciente de crecer, de aprender para cada vez ser mejores, amar mejor, vivir mejor.

Nuestra vida es un crecimiento constante, cada etapa presenta un nuevo desafío y la verdad es que al final, ¿qué sería la vida sin esos retos, sin ese tener que conocernos constantemente, sin ese quebrarnos y tener la capacidad de volvernos a armar con el entendimiento de que cada vez que nos armamos, no somos la versión pasada sino una siempre mejorada de nosotros mismos.

Como en toda empresa en la vida, como en toda relación el éxito depende del compromiso real de los involucrados, de la entrega justa, la empatía, el respeto y la consideración, del no siempre buscar ganar incluso a costa de otros sino, de ver la importancia de la humildad en el proceso, de poder ser fuertes cuando la situación lo amerita y vulnerables cuando así lo sintamos, siempre con el corazón seguro, siempre con el corazón en paz.

Cada etapa de la vida tiene su dulce-amargo, pero tomar lo que viene con humor, con paciencia y con una esperanza renovada siempre dará buenos frutos a nuestro favor, después de todo la perfección como dijo Benedetti, “es una pulida colección de errores”, y me gusta pensar que para nuestro propio bien nunca la alcanzamos, cuando ya creemos dominar lo que sentimos, vivimos y experimentamos en una de esas estaciones, el tren arranca de nuevo y nos encontramos frente a parajes desconocidos y aventuras inciertas, en las que de nuevo con amor y una buena dosis de las cualidades antes mencionadas emprendemos el camino al maravilloso auto-conocimiento mientras le tomamos el gustito al momento, antes de que el tren se despida de nuevo y retome el camino hacia la siguiente estación.

Que se venga la vida que aquí la espero, para disfrutarla, con mis brazos abiertos, con mi sonrisa y un corazón dispuesto a reír, a llorar y a dejarse moldear.

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Infinitos…

Cuantas historias, cuantos momentos de éxtasis y gloria plena o de crecimiento y dolor.

Tantas risas, tantas anécdotas, tantos recuerdos que invaden mi mente. No, el tiempo no pasa en vano.

Tú y yo, frágiles y fuertes, algunas veces seguros y otras tantas desconcertados, creciendo, aprendiendo, avanzando, siempre juntos, tomados fuertemente de la mano mirando hacia adelante, disfrutando el presente y aprendiendo del pasado, cuidándonos en cada paso el corazón mientras diseñamos un futuro.

Tú y yo, una historia conocida y nueva a la vez, descubriéndonos en cada etapa de la vida, reinventándonos en cada situación que demanda de nosotros una nueva versión.

Cuánto amo esta colección de vivencias, esta familiaridad y la complicidad que traen los años…

No sé si la alegría duele, pensaría que no, pero a veces, solo a veces es tanta la felicidad que me produce pensarte que se me confunde la risa con las ganas de llorar.

Por mucho y por siempre, mi persona favorita.

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Los menos…

Que te quieran espectacular o desarreglada, que te disfruten oscura o iluminada.

Que saboreen tu lado dulce y tu sabor amargo, que amen tanto tus risas como tu llanto.

Que te quieran segura o llena de miedos, colmada de virtudes y de defectos.

Que abracen tu paso firme y tus tropiezos, que disfruten tus palabras y tus silencios.

Que lean tus miradas y todos tus gestos, que estén cerquita en los buenos y malos tiempos.

Que estén dispuestos a construir contigo un mundo imperfecto lleno de recuerdos, y que recordemos que a eso están dispuestos,

sólo los valientes,

y son los menos…

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