Sujetándole la mano a la nada…

Así, tan triste como se lee, igual de triste se ve…

Pequeñas manitas sujetando el vacío, sin contar las que ya ni eso porque caminan solitas.

Miradas brillantes que buscan encontrar atención, conexión, amor en otro par de ojos que nunca encuentran porque están sumergidos en una pantalla.

Historias, anécdotas, sonrisas y palabras relatadas que quedan flotando en el aire, no llegan a su destino, no encuentran un oído atento que las escuche porque a pesar de la ilusión y emoción con que son contadas, tienen un receptor absorto, hipnotizado viviendo el momento de alguien más y dejando pasar ese instante mágico, leyendo o compartiendo con quienes ni siquiera están a su lado e ignorando a los que sí.

El lado oscuro de la tecnología nos tiene desconectados, nos distancia al punto de convertirnos en perfectos desconocidos.

¿Qué pasó?

¿En qué momento creció?

¿Por qué no me escucha?

¿Cuándo nos perdimos el uno al otro incluso dentro de la misma casa?

Allí, devuelve el disco de tu mente, rebobina la historia de tu vida, allí cuando buscó tu mano y no la tomaste, allí cuando te habló de su día en la escuela, de su momento difícil o de lo que le causó mucha risa y no puedes recordarlo porque no estabas escuchando, un gesto de tu mano dijo “ahora no” y ni siquiera volteaste a mirarlo porque el celular brillaba más que sus ojitos, allí cuando buscó otro círculo, otro lugar seguro y encontró su sentido de pertenencia en otra parte mientras tú seguías viviendo detrás de una pantalla, privando a tu familia de tu irreemplazable y valiosa presencia.

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Juego de luces…

Cuando era niña y me asustaban las sombras de la oscuridad, mi papá solía tomarme de la mano y llevarme a buscar el origen de aquella sombra, cuando lo encontraba el miedo se disipaba.

Estos días han sido interesantes de muchas maneras y hoy recordé esa hermosa anécdota…

Saben, a quienes confiamos en Dios no deben asustarnos los “monstruos” que hay en las tinieblas porque sabemos con certeza que no son más que circunstancias a las que la luz impacta desde un ángulo desfavorable; al acercarnos, vemos con claridad que al final del día es un simple juego de sombras en donde la oscuridad no es otra cosa que la ausencia de luz.

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Decisiones

Creer, está en mí.

Hacer, está en mí.

Volar, está en mí.

Avanzar, está en mí.

Evolucionar, está en mí…

Dudar, está en mí.

Procastinar, está en mí.

Descender, está en mí.

Ralentizar, está en mí.

Involucionar, está en mí…

Y tú, ¿qué decides?

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Introspección…

¿Les ha sucedido?

Han sentido alguna vez como su cuerpo, su mente, su alma y su espíritu colapsan y convergen en un punto de encuentro, un común denominador, una necesidad urgente de inyectarse vida, color, esperanza, motivos, sentido y propósito…

Creo que sucede cuando de cierta forma nos absorbe el sistema y la cotidianidad se apodera de nosotros, nos alcanzan situaciones inconclusas de la vida y nos rebasan, emociones escondidas salen a flote o simplemente la edad y sus cambios nos juegan una mala pasada, entramos en trance y caminamos cada día en piloto automático, sin ver detalles, sin maravillarnos con las cosas simples, sin realizar lo afortunados que somos de ver un día más, de poder escuchar la sonrisa de nuestros hijos y abrazar a nuestras personas favoritas, obviamos esos pequeños grandes placeres hasta que por fuerza, por decisión o necesidad despertamos a una nueva consciencia y caemos en cuenta, no hay tiempo para perder… Es entonces cuando ese maravilloso héroe interno, ese inexplicable soplo divino que llevamos dentro sale de pronto como el genio de la lámpara de Aladino y nos mira, nos confronta, nos exhorta, lo sigue un encuentro de titanes entre el “yo” que se resiste y el que desea dejarse vencer por la esperanza, es con esa resiliente fuerza interna que surgimos de las cenizas y empezamos como el águila, con profundo dolor a arrancarnos las plumas que no nos sirven más y solo nos generan peso muerto, necesitamos volar alto, libres, necesitamos reencontrarnos con nosotros mismos en esta nueva versión, conectar con lo que somos para poder nuevamente conectar con los demás.

De nadie depende, nadie puede hacerlo por nosotros, es una labor de uno; educar nuestros ojos para mirar más allá de lo que tenemos enfrente, enseñar a nuestro corazón a sentir, a vivir y amar con consciencia plena y entrega porque el instante que vivimos no se repetirá nunca más, lo que tenemos cerca y quienes caminan a nuestro lado y llenan de luz parte de nuestras vidas, podrían mañana no estar.

Vivir, vibrar, dejar huella, ser mensaje, fluir en nosotros y también para los otros, tener sentido, tener propósito.

Valorar todo siempre desde el agradecimiento, eso por defecto lo cambia todo.

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Fotografia: Mi vagón del tren

Decisiones…

No siempre es fácil hacer lo correcto, en ocasiones nos traiciona nuestra humanidad y nuestros deseos van en contra de los valores por los que nos hemos regido durante años. Tomar la decisión correcta se convierte entonces en una lucha interna entre lo que quisiéramos hacer y lo que deberíamos hacer…

Haga lo correcto, camine con prudencia, es momento de vencerse a usted mismo, no dude, no ponga en juego lo que ha tomado tanto tiempo construir con amor, esmero, esfuerzo y sacrificio, valore su familia, su pareja, su trabajo, su negocito, sus amigos, proteja lo que ama y a quienes ama, empezando por usted.

No lo piense dos veces, haga lo correcto y podrá caminar con la frente en alto y el corazón en paz, sin tener que recoger sus pedazos y los de los suyos para tratar de volverlos a unir.

No todo lo que brilla es oro, busque la sabiduría, el mundo está lleno de sensuales cantos de sirena que terminan en destrucción, abra sus ojos, usted no está solo, probablemente hay muchas personas en su misma situación, tome fuerza, si se puede.

Y cuando más adelante se vuelva a encontrar en una encrucijada similar, haga de nuevo lo correcto, no se va arrepentir.

No quiero generar controversia sobre lo bueno y lo malo, cada quien sabe cuando su semáforo se puso en rojo, esa voz interna no falla, escúchela.

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Ser feliz tú, ser feliz yo, ser felices juntos…

¿Les ha pasado que quieren mucho ver a alguien feliz y por más que lo intentan, no lo logran?

La verdad es que es agotador para algunos de nosotros que ponemos sobre nuestros hombros esa inmensa responsabilidad, no es algo qué cargar, no es algo que debemos asumir y mucho menos algo que debemos endosar a otros porque depende única y exclusivamente de cada uno ser feliz.

Tampoco depende del entorno, porque hay personas que aún teniendo todo lo que a otros les falta, son infelices y tantos otros con muchos menos sí lo son.

La ironía de la vida, pensar que el pasto del vecino está siempre más verde, habría que estar allí para ver si es sintético porque a todos en algún momento se nos seca la grama, lo importante es qué hacemos al respecto. ¿Culpamos nuestro entorno? ¿Se lo atribuimos a las circunstancias o a las personas que tenemos cerca? O por el contrario, nos consumimos en el maravilloso auto-conocimiento conectando día a día y a cada momento con el agradecimiento de estar vivos y empezamos a florecer desde adentro y así ver cómo todo a nuestro alrededor florece también.

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“La felicidad es un trabajo interno.”

Bifurcación…

La madurez nos llega con el tiempo, con los años, con las experiencias, con la vida, y nos encontramos en esa bifurcada parte del camino que nos muestra un sendero a lo conocido por el que no sentimos muchos deseos de caminar y otro que nos lleva a lo impredecible, a lo nuevo, a los cambios, a ese desaprender y volver a encontrarse con uno mismo en la etapa de la vida que se vive, a esa necesidad de conocerse un poco más, de descubrirse y disfrutarse, porque la madurez nos visita con cambios físicos, mentales, emocionales y las aristas son diversas.

Allí estamos, frente al rótulo que nos invita a tomar decisiones, a implementar variantes, nos vemos dejando de buscar lo que buscábamos o incluso de necesitar lo que en algún momento necesitamos y nos sentimos urgidos de abrazar nuevas experiencias, nuevas pasiones, nuevas vivencias, de maximizar el tiempo y “sacarle el jugo” a cada instante, reclamamos espacios solo nuestros, anhelamos los momentos quietos de meditación que nos permiten encontrar el balance, la paz y nos ayudan a diferenciar la voz correcta entre tantas otras voces equivocadas; ese espacio que nos ubica y nos recuerda quienes éramos, quienes somos y quienes queremos ser.

Qué linda es la vida, qué dinámica, cuando creemos conocer el camino, cambia, cuando pensamos tener dominada la situación algo se nos sale de las manos solo para recordarnos que afanarse por todo es un absurdo porque nada está nunca en completo control (por dicha), cuando creemos conocernos y nos pensamos descifrados nos abraza la mediana edad y con ella llegan los muchos cuestionamientos, las dudas, las culpas, las inquietudes, los retos, los renaceres, en fin…

Reitero, qué bonita es esta vida, con sus golpes bajos y sus muchas nuevas oportunidades, con sus conocidos parajes y su infinidad de giros sorpresa.

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Fotografía: https://pin.it/7evahxy5seyefu

A otra cosa mariposa…

Los seres humanos son tan impredecibles, quieren los beneficios de ser mariposa pero sin el proceso que eso implica, no sé si es una mezcla de envidia, conveniencia o simple desconocimiento.

El encontrarse llena de colores y poder volar de un lado a otro no es más que el resultado de un doloroso proceso en que que cada una tuvo que dejar de ser el gusanillo que era y convertirse en algo mucho mejor, pero no todas lo logran, algunas mueren en el intento.

La próxima vez que veas a alguien volando, en lugar de querer quitarle las alas, trata de imaginar el desgarrador proceso al que tuvo que sobrevivir y pregúntate si tendrías la valentía de hacerlo, la respuesta a esa interrogante te revelará si eres digno o no de portar unas alas.

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De cara al Sol y de cara al viento…

Como en toda empresa en la vida, como en toda relación, el éxito depende del compromiso real de los involucrados.

Del conocimiento claro de que con nuestras virtudes a favor y a pesar de nuestras áreas en proceso está vivo el anhelo latente y la decisión consciente de crecer, de aprender para cada vez ser mejores, amar mejor, vivir mejor.

Nuestra vida es un crecimiento constante, cada etapa presenta un nuevo desafío y la verdad es que al final, ¿qué sería la vida sin esos retos, sin ese tener que conocernos constantemente, sin ese quebrarnos y tener la capacidad de volvernos a armar con el entendimiento de que cada vez que nos armamos, no somos la versión pasada sino una siempre mejorada de nosotros mismos.

Como en toda empresa en la vida, como en toda relación el éxito depende del compromiso real de los involucrados, de la entrega justa, la empatía, el respeto y la consideración, del no siempre buscar ganar incluso a costa de otros sino, de ver la importancia de la humildad en el proceso, de poder ser fuertes cuando la situación lo amerita y vulnerables cuando así lo sintamos, siempre con el corazón seguro, siempre con el corazón en paz.

Cada etapa de la vida tiene su dulce-amargo, pero tomar lo que viene con humor, con paciencia y con una esperanza renovada siempre dará buenos frutos a nuestro favor, después de todo la perfección como dijo Benedetti, “es una pulida colección de errores”, y me gusta pensar que para nuestro propio bien nunca la alcanzamos, cuando ya creemos dominar lo que sentimos, vivimos y experimentamos en una de esas estaciones, el tren arranca de nuevo y nos encontramos frente a parajes desconocidos y aventuras inciertas, en las que de nuevo con amor y una buena dosis de las cualidades antes mencionadas emprendemos el camino al maravilloso auto-conocimiento mientras le tomamos el gustito al momento, antes de que el tren se despida de nuevo y retome el camino hacia la siguiente estación.

Que se venga la vida que aquí la espero, para disfrutarla, con mis brazos abiertos, con mi sonrisa y un corazón dispuesto a reír, a llorar y a dejarse moldear.

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Fotografía: https://pin.it/an26oezpwm52gv

Ojitos atentos, paginas en blanco…

Si tus hijos te ven diciendo la verdad, aprenden a hablar con la verdad.

Si tus hijos te ven ayudar a otros, aprenden que hay alegría en dar a los demás.

Si tus hijos te ven llorar, aprenden que ser valientes también implica ser vulnerables algunas veces.

Si tus hijos te ven disculparte o perdonar, aprenden que la humildad nos hace grandes y mejores seres humanos, que el perdón es libertad.

Si tus hijos se saben amados, aprenderán a amar.

Si tus hijos te ven luchar por lo que sueñas, aprenderán que aunque no sea fácil todo esfuerzo vale la pena.

Si tus hijos se sienten respetados, aprenderán a respetar.

Si tus hijos se saben escuchados, aprenderán a escuchar.

Si tus hijos te ven orar, aprenderán a poner todas las situaciones en manos de Dios.

Si tus hijos ven congruencia en lo que haces y dices, aprenderán a ser personas genuinas, reales.

Si tus hijos te ven devolver esas monedas de más que te dieron por error, aprenderán a ser honestos, honrados.

Si tus hijos te ven valorar la vida, cuidarla y disfrutarla, no cesarán de maravillarse por los pequeños grandes milagros que nos rodean día con día.

Si tus hijos te ven reírte de ti mismo de cuando en cuando, aprenderán que en ocasiones no debemos tomarnos todo tan enserio.

Si tus hijos te ven disfrutar de la comida y el ejercicio, aprenderán que todo tiene su grado de importancia.

Si tus hijos te ven trabajar en ordenar tus prioridades correctamente, aprenderán sobre balance y equilibrio.

Si tus hijos te ven ser feliz, aprenderán que la felicidad depende de ellos y no está ligada a las circunstancias ni a las personas.

Y todo, todo, aplica igual cuando es a la inversa…

FMS by ©Mi vagón del tren

Fotografía: https://pin.it/cu4lx6xcryjdcb