Sin receta perfecta…

Yo solía decir que el amor siempre sería suficiente pero estaba equivocada, creo que la manera correcta de decirlo es que el amor cuando es mutuo siempre será suficiente, y aún así, el amor por si solo, el amor como tal, como palabra y sentimiento tampoco será nunca suficiente si no se acompaña de una serie de variables indispensables para que exista, crezca y se fortalezca.

El amor para ser suficiente necesita ser justo, ser comprometido, ser comunicado en el lenguaje correcto, ser paciente y construido día a día.

La entrega debe ser recíproca partiendo del hecho de que algunas veces uno de los dos necesitará entregar un poquito más dependiendo de la situación o el momento de la vida en que se encuentren, pero siempre con la certeza de que la balanza pronto encontrará el tan valioso y necesario equilibrio.

Decir “te voy a amar para siempre” es poco realista, “hoy decido amarte para siempre” es un poco más cercano a la realidad porque es una frase que implica un compromiso diario; somos seres en constante cambio, en continuo crecimiento, y si como pareja dejamos de conocernos, si dejamos de escucharnos y de buscarnos asumiendo absurdamente que somos y seremos aquella misma persona que conocimos hace años, lamentablemente nos encaminamos hacia una muerte anunciada.

Descubrirnos y aprender a amarnos en cada etapa de nuestra vida es el secreto, porque el amor también cambia, reconocernos y reinventarnos como uno y como dos, como individuos y como pareja es lo que nos vuelve fuertes, lo que nos vuelve cercanos y lo que vuelve este viaje tan lindo y a veces tan retador mucho más entretenido y muchísimo más hermoso, sin dejar nunca de lado lo que para mí personalmente es medular, Dios.

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Amorescentes…

¿Han escuchado la palabra “aborrescentes” cuando alguien trata de referirse a un adolescente?

Bueno, quizá los chiquillos se ganaron el término a pulso (igual que uno en su momento) pero yo la verdad es que siempre me he sentido incómoda con esa palabra, no me gusta y por eso uso la mía para describir esa edad tan particular, encantadora y desafiante, “amorescencia”.

Cuando uno tiene hijos muchas cosas cambian, cuando uno tiene hijos adolescentes, muchas más cosas lo hacen y aquí estamos, aprendiendo, disfrutando, creciendo juntos e ingeniándonoslas para formar parte de sus vidas aún cuando su naturaleza ahora nos marca la cancha y tenemos que aprender a leer entre líneas, a conseguir interpretar oraciones completas de escasas palabras, a desarrollar poder mental para saber lo que piensan y ver más allá de lo que muestran, mucho más allá, ya no son ese planetita que gira alrededor del Sol, ya no somos su astro más brillante y qué bueno que sea así porque es parte de crecer, necesario para que la vida siga su curso, para que vayan definiendo su personalidad, su estilo, en fin su identidad propia; ahora de tanto en tanto tenemos que encontrar, de formas creativas la manera de seguir siendo ese puerto seguro, ese “go to person” porque perdemos popularidad y lo que antes resultaba efectivo para fortalecer el vínculo ya no necesariamente funciona, o lo hace un día sí y otro no…

Hoy reflexiono un poco y concluyo que al final lo que importa es que nos sientan cerca, que se sepan profundamente amados, aceptados, valorados y respetados aunque no siempre comprendidos, que les quede claro que entre más grande su temor, más grande su angustia o más grande sea el problema que los agobia más rápido pueden correr hacia nosotros, a nuestros abrazo, que aquí estamos para ellos siempre y de forma incondicional; y nosotros como padres debemos tener muy claro que también tuvimos esa edad, que también sentimos esos deseos de desafiar al mundo, ese instinto rebelde que surge de la formación de nuestra personalidad, del descubrimiento y la confusión, que del caos también surgen cosas maravillosas, necesitamos recordar cómo nos sentíamos y lo que nos hacia bien y mal al llegar a nuestro hogar para implementar lo bueno y aplicar las variantes necesarias en que se debe mejorar, recordar que en este continuo descubrirse de nuestros amorescentes hay muchísimas cosas que no podemos tomarnos de forma personal, “los adultos somos nosotros”, es claro que los límites deben estar establecidos, definitivamente la cancha tiene que estar marcada también desde nuestro lado y por lo demás, esas pequeñas cosas que se salen de nuestras manos a pesar de nuestro mejor esfuerzo, nuestra entrega total y nuestro profundo amor dejémoslas en manos de Dios, nadie va amar a nuestros retoños más que Él, ni aún nosotros mismos por increíble que parezca, Él marcará siempre una diferencia en la vida de nuestros chicos y cumplirá ese propósito maravilloso en ellos para el cual los creó.

Hoy les invito a amar el doble a nuestros amorescentes, lo necesitan más que nunca.

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Un poquito de hambre y un poquito de frío…

Como padres y madres, deseamos con vehemencia que nuestros hijos tengan todo lo que necesitan, si tuvimos carencias nos esforzamos para que ellos no las tengan y en ese afán por darles incluso más de lo que necesitan, olvidamos que necesitan crecer con un poquito de hambre y un poquito de frío… No me lo tomen literal, lo que quiero decir es que no podemos darle a nuestros pequeños todo lo que pidan y tampoco todo lo que quisiéramos porque a la larga resulta contraproducente.

Si les allanamos el camino siempre y por querer ayudarlos quitamos de sus hombros las responsabilidades que deberían tener de acuerdo con su edad, estamos colaborando con criar y formar generaciones que se sienten dignas y merecedoras de todo cuando hay bajo la ley del mínimo esfuerzo.

Enfocarnos en el adulto que queremos ver nos permite ubicarnos en el hoy, en esas conductas que necesitan ser trabajadas, en los comportamientos que deben ser moldeados y en los límites que necesitan ser establecidos, tanto para ellos como niños como para nosotros los adultos.

No se trata de si tengo los recursos o no para comprar el juguete hoy, el helado mañana y la salida al cine al día siguiente, se trata de que nuestros chicos puedan tolerar también un “no” por respuesta y sepan manejar la frustración que eso conlleva, que aporten con su granito de arena a la mecánica familiar y sepan que las cosas tienen su costo y no sale automáticamente dinero de una tarjeta cuando vas al cajero, que valoren los esfuerzos y los sacrificios, pero cuando damos a manos llenas por temor a causar en ellos algún trauma para que no se sientan inferiores o simplemente para que no les falte nada, los ponemos en una posición complicada dentro de la sociedad, no les enseñamos el valor del esfuerzo sino de las cosas rápidas, lo instantáneo no requiere paciencia, y crecen como personitas poco agradecidas que dan por sentado lo que tienen porque siempre han visto abundancia.

Nuevamente, no me refiero a dejarlos con hambre, ni que tengan frío de forma literal, mi punto es que debemos ser conscientes de darles con medida, de darles para que aprendan a valorar y agradecer, de darles para forjar adultos que tengan las prioridades claras, de generar en ellos el sentido de responsabilidad y la importancia del agradecimiento, eso también les permitirá aprender que las cosas no se obtienen por arte de magia, requieren sacrificio, esfuerzo y paciencia.

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Dejarte ser…

Ser tú

Dejarte ser.

Dejarte fluir.

Con tus silencios, tus pausas y tus espacios de meditación, esos tiempos en los que te sumerges en el análisis de alguna situación profunda o absurda pero tuya, importante al fin y al cabo, al menos para ti.

Ser tú.

Con tu frescura, la carcajada inesperada, la mirada brillante, expectante e ilusionada, como la de un niño que está por abrir un regalo.

Ser tú.

Con las alas escondidas un rato por el cansancio del vuelo o sacudiéndolas fuertemente lista para volar otra vez.

Dejarte ser.

Vulnerable y frágil, fuerte y resistente, resiliente y humana.

Ser tú.

Con tus pasiones y sueños, únicos porque son tuyos, incomprensibles para otros porque te fueron dados a ti, con esa enorme lista de cualidades y los pequeños puntos negros que todos tenemos que trabajar.

Ser tú.

Con el chiste malo, con la ternura que te produce un niño, la tristeza que te provocan la injusticia o la desigualdad; con la palabra sabia y la opinión contraria, con la bondad que se asoma constantemente y el temperamento fuerte, prudente y astuto que no te permite darle a todos el beneficio de la duda.

Ser tú, con las emociones siempre a flor de piel, con una sensibilidad a prueba de balas.

Ser tú.

Porque simple y sencillamente no hay nada más maravilloso en la vida y al mismo tiempo nada es tan cautivador como las personas genuinas.

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