Así, tomada de tu mano.

La vida está llena de momentos mágicos, trascendentes, inigualables e irrepetibles, como cuando tengo la oportunidad de caminar tomada de tu manita, es como si más bien se refugiara dentro de la mía, allí en un lugar secreto que te conecta con la seguridad plena como si fuera yo un súper héroe inmortal e invencible capaz de protegerte de todo, como si pensaras que tomar mi mano o caminar a mi lado te vuelve de pronto invisible a los peligros… ¿Qué más quisiera yo?

Y caminamos por la vida así, juntas, creando recuerdos, escribiendo historias, coleccionando anécdotas mientras me cuentas sobre lo que soñaste, de qué trató tu juego con muñecas, el trabajo que te tomó reconstruir tu casita de lego o cómo durmió “oso” durante la noche y te escucho, encantada con tu voz, con tu inocencia, con tu frescura y me dejo permear de tanta bondad y tanta ternura, te escucho con atención consciente de que ya irán cambiando los temas pero lo importante para ti, será siempre importante para mí.

Caminamos así por la vida, tomadas de la mano mientras pateamos piedras, bailamos sin música y también sin pena o brincamos sobre los charcos de agua… Tomadas de la mano mientras nos reímos a carcajadas o brotan de nuestro rostro algunas lágrimas.

Caminamos juntas aprendiendo cada día la una de la otra, yo te enseño cómo funciona el mundo mientras tú me recuerdas cómo debería funcionar…

Caminamos así, tomadas de la mano y me sorprendes con un pequeño y cálido besito en la mía, te miro y con una sonrisa inundada en ternura me dices: “te quiero mami” mientras yo anhelo que se detenga el tiempo, que no se me olviden estos momentos y poder capturar con mis ojos una fotografía eterna porque mi corazón late más fuerte por ti y mi sonrisa es un poco más grande desde que estás aquí.

-FMS-

 

Te admiro

Admiro la tenacidad y entrega con que te preparas para vivir cada día.
Admiro la dosis de resiliencia y agradecimiento que inyectas a tu corazón.
Admiro la creatividad con que inventas una broma aún en las circunstancias más difíciles solo con el fin de hacer a alguien sonreír.
Admiro la fortaleza con la que luchas por lo que quieres y la sensibilidad que muestras hacia los demás.
Admiro la humildad con que te permites ser “humano”, angustiarte y llorar.
Admiro la espontaneidad con que dejas que emane de ti la bondad.
Admiro ese héroe interno que suelo llamar “mi soldadito de plomo”.
Admiro tu brillo, el que a veces no crees irradiar pero que ilumina a quienes estamos cerca tuyo.
Admiro tu calidez y tu valentía.
Admiro tu entrega y tu coraje.
Admiro tu reserva de energía que parece inagotable cuando llegas a casa.
Admiro la manera en que luchas por las personas sin importar si las conoces o no.
Admiro la justicia, la igualdad, el respeto y el amor con que tratas a la gente sin hacer ningún tipo de distinción.
Admiro tu sonrisa valiente y tu mirada de “ya pasará”.
Admiro tu sensibilidad hacia cada cosa que me preocupa o que me emociona.
Admiro tu respeto por la vida, por los animales y tu amor por la naturaleza.
Admiro la manera en que decides amar, perdonar y olvidar.
Por todo esto y mucho más, te admiro.
-FMS-

Los tesoros de mi baúl.

Quedan las vivencias, quedan los recuerdos, quedan las historias y las anécdotas. Quedan las lágrimas, las risas, el cariño y el aprendizaje.

Queda lo no tangible, eso que no caduca y que permanece para siempre en nuestra mente y en nuestro corazón, todo aquello que alimentó el alma y engrandeció el espíritu.

Queda el amor, los lazos que nos unen con seres maravillosos, queda la satisfacción de alcanzar una meta, de conquistarnos a nosotros mismos y de haber abrazado las innumerables experiencias que ofrece la vida porque muchas de esas oportunidades no se presentan por segunda vez.

Todo lo demás, lo que se cuenta, lo que se mide y se calcula en exceso pasa de lejos sin dejar mayor huella.

Como dijo el principito: “Solo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos.”

-FMS-

No, no es tarde.

Una vez me dijeron: “Fran, las experiencias de vida están allí ansiosas por ser vividas, solo hay que abrazar lo nuevo, lo que espera por ser descubierto y sonreír (cómplice de uno mismo) al decir, ¡lo hice!”
Esa reflexión se quedó conmigo, hace unos días visitaba un hermoso museo de arte y me pasó algo que no me había sucedido nunca, vi muchas pinturas (entre otras cosas), pero una de ellas, una en especial captó mi atención y me pareció tan hermosa que de la nada brotaron lágrimas en mis ojos. Muchas cosas me conmueven, pero una pintura no lo había hecho nunca y pensé: “experiencias de vida, esperando ansiosas ser vividas…”, una cosa llevó a la otra y me quedé pensando en cuántas veces he dejado de hacer algo por prestar atención a la versión molesta de mi voz interna, esa que acostumbra decir: “es tarde para eso”.

¿Te ha sucedido? ¿Te has cortado las alas tú mismo al creer que es demasiado tarde para hacer algo por primera vez, o para intentar algo nuevamente? ¡Tarde!, ¿en serio?

La vida es un descubrirnos constante, me encanta cada etapa que vivo y las pasiones que descubro por más distintas que sean unas de otras porque encierran parte de mi esencia, a veces nos acostumbramos tanto a lo que nos rodea, o nos dejamos absorber a tal punto por el día a día que perdemos la capacidad de asombro y dejamos de maravillarnos olvidando que cada experiencia vivida es un regalo. Aquello que arde dentro de nosotros, esos sueños que siguen tocando nuestra puerta a pesar de los años instintivamente nos acercan a nuestro propósito, a nuestro llamado y el camino para alcanzarlos está por lo general cargado de obstáculos, dudas, preguntas y temores que en mi criterio solo sirven para darnos cuenta si lo que sentimos es una emoción pasajera o por el contrario, una pasión más fuerte que nosotros mismos a la que es imposible renunciar.

Es muy común escuchar que nosotros somos nuestro peor enemigo y lamentablemente algunas veces es verdad, nos criticamos fuertemente, somos demasiado exigentes y hasta drásticos, está bien motivarnos a dar lo mejor sin embargo eso resulta contraproducente si nuestro mejor esfuerzo nunca es suficiente y no para otros, sino para nosotros. Estamos llenos de sueños, anhelos, metas y deseos que en ocasiones apagamos casi en el mismo momento en que surgen en nuestra mente. Sí, los apagamos cuando escuchamos al temor y al desánimo decirnos que no vamos a lograrlo, que ya existen muchas ideas similares, que no tenemos la capacidad, que no conocemos suficiente sobre el tema, que tomará mucho tiempo, que no hay recursos, que no somos tan buenos, en fin, la lista de monstruos que atacan nuestra mente podría parecer interminable, vemos emprendedores cuyos proyectos alcanzaron grandes proporciones y nos corre por las venas esa emoción, el deseo de vernos a nosotros mismos en esa posición y de pronto nos sentimos pequeños, incapaces de alcanzar algo así olvidando que los imperios más grandes y las estructuras más asombrosas se construyeron ladrillo por ladrillo, idea tras idea, error tras error, día tras día. Cada uno de nosotros está equipado con todo lo que necesita para desarrollar su potencial, es momento de vencer el miedo al fracaso, al qué dirán y tomar las decisiones que nos acerquen hacia aquello que anhela nuestro corazón, vocación es lo que hacemos cuando no estamos obligados a hacerlo y es un buen indicador de qué es lo que nos apasiona.

No, no es tarde para buscar un nuevo hobbie, escribir un libro, cambiar de trabajo o de profesión, no es tarde para iniciar un deporte, clases de pintura o para entregarse al amor, no es tarde para empezar de nuevo aprovechando las enseñanzas que la experiencia nos dejó, para dar un paso de fe y emprender algo propio.

Cuando una idea fresca y maravillosa aparezca en tu mente, una idea que te dibuje una sonrisa y te haga brillar la mirada, que te cargue de adrenalina y emoción, no la ahogues con la sombre de la duda, la incredulidad o el temor, levanta tu mirada, respira profundo y avanza con determinación, materializa porque quien se queda mucho pensando en dar el primer paso, se le va la vida en un solo pie.

-FMS-