Nadando contra corriente

Hay momentos en los que me confunde el mundo… Todo tan rápido, tan práctico, tan superficial y ostentoso, tan pasajero y desechable.

Hay momentos en los que me confunden las personas, presentes en cuerpo pero no en mente y tampoco en corazón, capturando momentos pero olvidando vivirlos, fotografías van y fotografías vienen, muchos cada vez más hermosos, más perfectos pero paradójicamente menos humanos, menos sensibles y menos accesibles.

Hay momentos en los que me confunde la tecnología, me genera un sabor dulce-amargo notar que en la era de la comunicación es cuando menos nos comunicamos, las distancias más largas parecen nada con apenas una video llamada y sin embargo escasean la cercanía y la intimidad, muy pocos continúan mirando a los ojos, escribiendo perfumadas cartas de amor, cada vez son menos los que llaman por teléfono solo para escuchar el sonido de una voz y las costumbres que debimos mantener de “la vieja escuela” se vuelven obsoletas frente a una lista de caritas y abreviaciones que reemplazan el contacto y de las que comprendo si acaso la mitad.

Aplaudo sin duda el momento en que todos esos avances mejoraron nuestra calidad de vida, nuestra salud, nuestra comunicación y nuestra visión del mundo, bendigo el momento en que la comunicación fluida y globalizada permitió que nos sensibilizáramos y uniéramos fuerzas como humanidad para ayudarnos unos a otros pero repudio el instante en que el autoestima de alguien fue condicionada a una cantidad de “likes”, el momento en que una joven fue expuesta por un error cometido y su vida se trastornó cuando su desliz se hizo viral, rechazo el exceso de juicio y la falta de sensibilidad o sentido común con que se dice lo que se quiere sin filtro, sin amor, sin respeto, sin misericordia y sin empatía, el momento en que los padres se alejaron de sus hijos, los hijos de los padres, los abuelos de los nietos y la familia en general por estar absortos en vidas que les son ajenas, vidas lejanas y lamentablemente de manera consciente o inconsciente dejaron pasar conversaciones, miradas, besos, abrazos y se olvidaron de crear momentos genuinos y eternos al tiempo en que todo se resumía en una foto para publicar que en muchos casos no encierra nada más que una pose y no una vivencia.

Yo prefiero más momentos, más miradas, más contactos, más risas y más calor, yo prefiero la intimidad y cercanía de un amigo verdadero, prefiero el amor del día a día, que me quieran en lencería sensual lo mismo que me quieren en pijama, que me quieran maquillada y despampanante lo mismo que en cama combatiendo alguna enfermedad, que me abracen entera lo mismo que hecha pedazos, quiero ver en la mirada de mi gente la alegría de verme sonreír y el dolor que les causan mis lágrimas, prefiero eso de caerme y que me sobren manos que me ayuden a ponerme de nuevo en pie en lugar de cientos que solo esperan señalarme cuando ni siquiera me conocen. Quiero relaciones significativas, que trasciendan.

Me encanta atesorar momentos, ¡claro que sí!, soy amante de la fotografía y amo capturar esos instantes, poder robarle segundos al tiempo de manera que queden plasmados, quiero grabar en mi mente conversaciones, olores y sabores, ¡claro que quiero!, en videos, en fotos, en todo, como sea y como pueda por si algún día me falla la memoria porque quiero recordar y compartir si así lo deseo con quien me plazca, pero consciente de que mi gratificación no viene de lo que diga el mundo al respecto, sino de que lo viví.

Hay momentos en los que me confunde el mundo, pero hay momentos en los que sin duda lo confundo yo a él.

-FMS-

Recuerdos de antaño… #1

No sé si me dolió el ego,
quizá fue el corazón,
de no haber sido querido,
para ti una en un millón.

Fuiste como una estrella
que veloz vi el cielo surcar,
cuyo resplandor que ciega
sutil me invitó a desear.

Tú tan talón de Aquiles,
tan de Hemingway el ron,
responsable de que mis “nunca”
perdieran cabeza y razón.

Puede ser que algún día,
mirando un atardecer,
evoque esta melodía
que quiso y no pudo ser.

-FMS-

Yo también me sentí perdida…

Hay una frase que me gusta, dice que el llanto no es sinónimo de debilidad, por el contrario, algunas veces lloramos porque hemos procurado ser fuertes durante mucho tiempo.

Hace ya bastantes años viví una de las experiencias más difíciles que he vivido, durante casi un año estuve luchando con una fuerte depresión y ataques de pánico, ¿de dónde salió? Ni idea, de hecho me tomó completamente por sorpresa, todo en mi vida marchaba de maravilla, mi familia, mi trabajo, mis amigos, mi esposo.

Estaba rodeada de personas que me querían y sin embargo me sentía sola, la noche llegaba acompañada de tormento, ansiedad e insomnio, todos mis días parecían iguales y las pocas fuerzas que tenía se centraban en una desgastante lucha mental, emocional y física que me dejaba completamente exhausta.

Las personas te miran caminar como “zombie” y no entienden por qué tus días están negros y no lo van a entender nunca, a menos que lo vivan porque es algo que ni siquiera entiendes tú… Frases bien intencionadas como: ¡anímate, tu vida es hermosa!, ¡solo con Dios se puede seguir adelante!, “tienes mucha gente que te ama”, “ya pasará, no hagas mucho caso”, “tú mandas sobre tu mente, tienes que sobreponerte” solo consiguen aumentar la presión en tu pecho porque ya todo eso lo sabes y en vez de sentirte mejor, terminas culpándote por tu incapacidad de ver y apreciar todo lo que te rodea, es como si trataran de recordarte lo que tú mismo te repites una y otra vez para lograr mantenerte a flote y no dejarte hundir en la profundidad, nada está claro, tienes miedo de no poder salir de esa condición nunca, miedo a que las personas que te rodean se cansen de tu “debilidad” y terminen ellos también dándose por vencidos contigo.

¿Volveré a disfrutar la vida en plenitud? ¿Podré sonreír de nuevo, sonreír de verdad como cuando el alma y el espíritu están alegres? ¿Encontraré las fuerzas? ¿Volverá la paz?

Nuestra vida está llena de momentos cruciales que nos marcan, muchos ni siquiera los recordamos, quedaron guardados en el subconsciente o incluso fueron involuntariamente bloqueados por nosotros mismos, esos eventos inconclusos y muchas otras vivencias actuales nos alcanzan en forma de ansiedad, depresión, pánico o angustia y nos rebasan… En ese momento se ven más fuertes que nosotros aunque en realidad, no lo son.

Después de luchar días y noches, mes tras mes, me di cuenta que estaba tratando de “hacerme la fuerte” y ya no me quedaban más fuerzas para luchar, reconocí que necesitaba ayuda para entender lo que me estaba sucediendo, herramientas para afrontarlo y superarlo. Decidí encarar de frente el temor a ser “mal etiquetada”, ignoré los estereotipos y busqué ayuda con una psicóloga maravillosa que definitivamente fue un ángel en mi camino.

Llegué a ese consultorio hecha pedazos y por la misericordia de Dios y la ayuda de mi ángel salí en una sola pieza, dicen que recordar es volver a vivir… Bueno, recordé, confronté, lloré y sané, con la ayuda de mi amiga entendí muchas cosas que no entendía, superé situaciones y crecí, crecí muchísimo, salí empoderada y fuerte, toda una “princesa guerrera”, como solía decirme mi papá y yo sonreía sintiéndome She-Ra (una guerrera de uno de mis programas favoritos durante la infancia).

Hasta ahora había compartido mi experiencia solamente con personas muy cercanas, lo curioso es que lo hice solo porque ellas me abrieron su corazón y me hicieron saber que estaban en medio de ese hoyo negro que recuerdas claramente cuando has estado allí. La verdad es que amé poder compartir mi vivencia con ellas y al mismo tiempo sentí una profunda tristeza por las personas que no encuentran con quien abrir su corazón, o quienes por temor a ser juzgadas o incomprendidos, evitan hacerlo.

Solo el hecho de saberte humano, de sentir que no estás solo en tu lucha y que nadie está exento se sentirse así, la posibilidad de entender que todo en la vida es un proceso y que “allá afuera” hay personas que han experimentado lo mismo que tú y se han sobrepuesto, te da fuerza adicional y alimentan la esperanza y la certeza que el sol siempre vuelve a brillar.

Por esa razón decidí compartir con ustedes lo vivido, para decirles que si están viviendo una situación así no guarden silencio, es más fuerte el que busca ayuda que el que trata de pelear solo la batalla.

Está bien sentirse débil, angustiado, perdido, desesperanzado, frágil y vulnerable.

Es normal cuestionar la vida o no encontrarle sentido en algún momento del camino, se vale quedarse sin fuerzas, sin ánimo, sin esperanza y sin luz…

Somos humanos y en ocasiones situaciones difíciles de afrontar nos alcanzan y nos derriban, todo se pone oscuro, se nos enredan los pasos, se nos confunde el camino, se nos va la paz y nos embarga una continua sensación de tristeza, de angustia, de impotencia, un deseo incesante de sentirnos bien atormentado por el terror de no volver a ser nosotros mismos, de no encontrar el camino de regreso. Lo conozco, lo viví. 

Yo también me sentí perdida, encerrada en una “dimensión desconocida” sin inicio ni final, con un nudo que apretaba mi garganta al punto de dificultarme respirar, mis lágrimas parecían tener vida propia, brotaban sin poderlas controlar, me sentía sola, aterrada, asustada e incomprendida.

Quiero decirte hoy que aunque no lo parezca, sí hay camino de regreso, sí se vuelve a tener paz, sí volvemos a encontrarnos, sí se puede seguir adelante, sí hay esperanza, sí regresan las fuerzas, sí volvemos a encontrar el sentido de la vida, sí, sí, sí. 

Si te sientes perdido, busca ayuda, libérate del “qué dirán” enfócate en ti, hay demasiadas personas luchando solas y necesitan saberse acompañadas en su proceso, sigue adelante, conquista un minuto a la vez, abraza la vida y desde mi experiencia te invito a aferrarte con todas tus fuerzas a Dios, nadie como Él es esperanza, renuevo, fortaleza y paz.

-FMS-