Las dos caras de la tentación

Si pudiéramos personificar la tentación sería algo así como una persona cautivadora desde todo punto de vista, interesante, inteligente, imponente, sensual, un ser que te atrae con fuerza centrífuga y te resulta difícil luchar en contra, conocerle es un placer a los sentidos, los primeros contactos y las primeras sensaciones son fascinantes y placenteros, su voz es envolvente y sus palabras endulzan como la miel…

Ahora bien, la tentación no siempre se acerca a nosotros en forma de persona, también nos seduce como dinero fácil, una oportunidad imperdible pero cuestionable, el “negocio” que estábamos esperando, esa adicción que nos llama insistentemente o todo aquello a lo que nos reconocemos vulnerables y nos hace daño, eso que produce en nosotros un desequilibrio tal que si le abrimos la puerta, nos domina, las cosas se salen de control y nuestra batalla toma mayores dimensiones.

Su llamado es constante y palpable, nos nubla los sentidos y nos confunde, hermosa pero peligrosa, seductora pero destructiva, continúa cerca nuestro permitiéndonos percibir su aroma y presentándonos escenarios en los que todo termina en final feliz, quiere que caigamos en sus brazos y de cierta manera queremos hacerlo. Nos descubrimos pensándole con más frecuencia, preguntándonos ¿qué pasaría si? Nos cuestionamos si es correcto sentir lo que sentimos y empezamos a fantasear con realidades alternas, silenciamos la voz de nuestra consciencia con justificaciones y excusas que brotan como botones listos para florecer, “es solo un beso”, “una partida más”, “apenas un sorbo”, “solo esta escena”, “yo puedo controlarlo”, “solo por esta vez”…

El tiempo transcurre y tal como los antiguos relatos de sirenas, el canto hipnótico que nos llevó a sus brazos parece detenerse, lo ahoga nuestro grito de desesperación, lo detienen nuestras ganas de huir y de retroceder el tiempo, lo nublan la tristeza y la culpa…

Al final de la historia, este tipo de tentación tiene solamente una cara, esa sirena que se transforma en monstruo y solamente acarreó destrucción, el placer o beneficio que presentaba era una visión tan falsa y transitoria como ella misma, desafortunadamente el dolor y los estragos ocasionados no se esfuman, quedan allí, nos corresponde entre lágrimas y confusión lidiar con las heridas que nos dejó y las que causamos a los demás…

En otros casos, a pesar del esfuerzo extenuante y el tiempo invertido, la tentación pierde la partida y se retira, nos deja en paz al menos por un tiempo, no sin antes permitirnos por descuido involuntario o revelación divina ver su verdadero rostro, es como si una venda cayera de nuestros ojos y podemos ver con claridad y asombro que se trataba de depredadores disfrazados.

Independientemente de si caíste en sus redes o no, procura recordar su verdadero rostro la próxima vez que se acerque a susurrarte al oído, en ocasiones requiere más valentía retirarse de una batalla que quedarse a pelear.

No siempre es fácil hacer lo correcto, en ocasiones nos traiciona nuestra humanidad y nuestros deseos van en contra de los valores por los que nos hemos regido durante años, nos encontramos en una encrucijada entre lo que quisiéramos hacer y lo que deberíamos hacer, hoy, te motivo a hacer el bien, a caminar con prudencia y vencerte a ti mismo, a levantarte y seguir adelante, no pongas en juego lo que ha tomado largo tiempo construir, protege lo que amas y a quienes amas empezando por ti, no todo lo que brilla es oro, el mundo está lleno de sensuales cantos de sirena que terminan en destrucción.

Todos llevamos dentro una voz que nos indica que nuestro semáforo está en rojo, procuremos escucharla.

-FMS- 

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