Creo en el amor

Creo en el amor más allá del enamoramiento, de las primeras miradas, el primer beso o las primeras caricias.

Creo en el amor que desafía el tiempo, que construye y va dejando atrás las mariposas en el estómago porque crece, madura, se adapta y se transforma. Creo en el amor que no busca una satisfacción egoísta y temporal sino una entrega sana, equilibrada y justa, creo en esa conexión que trasciende el tiempo y el espacio porque va mucho más allá de lo físico, almas unidas por un lenguaje sin palabras donde incluso, de los mayores silencios pueden surgir las conversaciones más profundas. 

Creo en el amor que te inspira, te motiva y te estimula a ser mejor, a desarrollarte y abrir tus alas, con orgullo y sin envidia, ese amor que cree en ti especialmente en los momentos en los que no crees en nadie. Creo en el amor que comparte sueños y proyectos, alegrías y tristezas, aciertos y desaciertos sin perder su esencia y su individualidad.

Creo en el amor humilde que reconoce sus errores y decide aprender de ellos, el amor que se recupera de las caídas, se reinventa y sabe virar en “U” no para retroceder sino para retomar, creo en el amor que cambia comprendiendo que cada etapa de la vida tiene desafíos distintos, requerimientos diferentes y algunos períodos de tiempo demandan un esfuerzo adicional, creo en ese amor imperfecto pero comprometido que decide superar los obstáculos.

Creo en el amor que comunica y escucha.

Creo en el beso de buenas noches y el abrazo de buenos días, en irme a la cama con mi amante, dormir con mi compañero de aventuras y amanecer al lado de mi mejor amigo, creo en la nobleza de tu mirada y la bondad de tu corazón, creo en las “carreras matutinas” que parecen competencias de relevos (principalmente cuando hay hijos en el medio), creo en arrebatarle al tiempo esos minutos solo nuestros que nos recuerdan lo que éramos, lo que somos y lo que queremos ser, creo en que nos sobre espacio al sentarnos en el sillón o acostarnos en la cama, en tu copa de vino y mi chocolate caliente al terminar el día, en nuestras horas de tertulia o nuestros tiempos de lectura, creo en ese “quiero un rato solo mío” al que libremente respondo “yo también”.

Creo en la paz y la libertad de poder ser uno mismo al lado de la persona correcta, esa que conoce tus defectos, tus virtudes, tus temores y aun así se sigue sintiendo afortunado de tenerte a su lado, sigue eligiéndote cada día.

Creo en los abrazos breves y los abrazos largos, en los besos pequeños y los apasionados, en las discusiones y las reconciliaciones, creo en amar en libertad, sin temor a ser lastimados porque incluso el amor más perfecto duele de vez en cuando…

Creo en una boca conocida llena de besos nuevos y en las manos que inventan caricias todos los días aún después de tantos años juntos, creo en la alegría que provoca envejecer al lado de quien amas, con todo lo que eso implica…

Creo en el amor que rompe los esquemas porque se sabe diferente, único y especial, un tesoro invaluable en vías de extinción.

-FMS-

Mi paz vale más, ¿y la tuya?

Una vez un amigo me dijo: “Hay personas a las que debes mantener a cierta distancia, para que cuando te lancen la piedra, no te alcance”.

Creo firmemente que en cuanto dependa de nosotros debemos procurar estar en paz con todo el mundo, eso, sin embargo es un reto importante ya que no todas las personas se rigen bajo la misma filosofía. 

No es mi intención hacer “enemigos”, de hecho ni siquiera me gusta la palabra, pero inevitablemente vamos a encontrarnos con personas que se acercarán a nosotros con la intención de sacar provecho o solamente hacer daño, más que todo por imperfecciones en el funcionamiento de su “sistema interno” que por algo que nosotros hayamos hecho,  y desafortunadamente, habrá momentos en los que esas actitudes nos van a alcanzar y nos van a lastimar. 

Es allí donde reflexiono sobre la importancia del perdón, pero el perdón inteligente, cuando decidimos perdonar lo hacemos principalmente por obediencia a Dios y por amor a nosotros mismos, el perdón no es una cualidad innata del ser humano, es un don divino, un milagro de sanidad y libertad que Él hace en nosotros cuando se lo permitimos y que trae como consecuencia alivio y paz, las heridas abiertas cicatrizan y lo que dolía antes no duele más, sin embargo, tenemos que ser conscientes que perdonar no significa permitir maltrato, mentiras, ofensas o maldades una y otra vez, “perdón” no es sinónimo de “mártir”, de la misma manera en que arrepentimiento difiere por completo de remordimiento, porque el primero involucra un cambio de actitud. 

Las personas que se dedican a hacer mal, recibirán en su momento el pago a sus acciones, como hemos escuchado antes “quien siembra viento, recoge tempestades”, nosotros por otra parte tenemos el derecho y el deber de tomar distancia de esos seres, velar por nuestra tranquilidad e invertir nuestras fuerzas en las personas valiosas que tenemos cerca.

Cuando decidas por salud mental, emocional y espiritual alejarte de alguien procura estar seguro de que no sea el odio, el resentimiento o el rencor lo que te motiva a hacerlo sino un perdón inteligente, una búsqueda de paz interior y sanidad en vez de un deseo de venganza, si el tesoro más preciado que tenemos es nuestro corazón y de él mana la vida, ¿para qué permitir que la maldad de otro lo ensucie?

Mi paz vale más, ¿y la tuya?

-FMS-

Preciados recordatorios…

Silencie el ruido externo y procure encontrar  la música que lleva dentro, reconozca ese brillo que es particularmente suyo y déjelo fluir, viva los detalles, disfrute las distintas estaciones de la vida recordando que para crecer necesitamos el verano tanto como el invierno, aprenda de sus errores y también de sus aciertos. 

Renueve sus fuerzas, busque lo que llena su alma, lo que enriquece su espíritu y hágalo, reverdezca, ría, baile, cante, disfrute la brisa que despeina, el sol en el rostro, el olor a tierra mojada o la arena en los pies, llénese con los colores de un atardecer y permítase ser niño de nuevo mientras le encuentra forma a las nubes, abrace la ternura, la esperanza y la bondad, cada día está lleno de sorpresas para usted, no deje de maravillarse, la sensibilidad también es fortaleza.

Aliméntese del amor desinteresado de su gente favorita y aliméntelos a ellos también, dar el beneficio de la duda podría sorprenderlo, inténtelo si así lo siente en su corazón, no trate de entender todo lo que sucede, se va desgastar porque muchas cosas no tienen explicación y a veces tampoco tienen sentido, no se distraiga con los pequeños obstáculos del camino, avance, su propósito es más grande de lo que puede imaginar, nadie es como usted y nadie puede cumplir en este mundo lo que usted vino a cumplir.

La vida es muy breve, disfrútese, ámese, acéptese, enfrente sus temores, atrévase a dejar su huella en la vida de alguien con una mirada, una sonrisa, un abrazo o un simple gesto anónimo, abra su corazón a nuevas experiencias y establezca límites sanos tanto en el área laboral como personal, bríndese la oportunidad de ser frágil y vulnerable de vez en cuando, procurar ser siempre fuerte es agotador y por favor, si necesita ayuda ¡pídala!

Libérese de culpas, de complejos y decida ser feliz, perdónese y perdone, implemente en su vida los cambios que considere necesarios y permítase crecer, cada día es una nueva oportunidad para dejar de lado el peso muerto y abrirle los brazos a las muchas nuevas oportunidades que a veces pasan desapercibidas por falta de enfoque, cada día es un milagro y cada momento vivido es un regalo.

No hay nada más hermoso que aquellas personas que disfrutan ser ellas mismas, genuinas, sin pretensiones, con la humildad de saberse humanos imperfectos y al mismo tiempo ediciones limitadas.

-FMS-

Gracias, pero no gracias

En mi vagón del tren (entiéndase mi vida), han ingresado muchos tipos de personas, todas son bienvenidas sin embargo no todas son invitadas a quedarse…

Así de simple, a estas alturas de mi viaje y con la madurez que han traído los años no siento el compromiso de estar cerca de personas nocivas que no me aportan nada y con quienes no me siento cómoda, por el contrario, tengo NO el poder, sino el deber conmigo misma de elegir con sabiduría la gente que quiero tener cerca y de decir adiós sin reparo ni cargo de conciencia a todos aquellos quienes para mi dicha, no pudieron sostener durante más tiempo la fachada falsa.

Me gustan las personas que quieren marcar una diferencia, pequeña, mediana o grande, las personas realistas que saben pensar en positivo, que miran las circunstancias pero se saben fuertes y despiertan el gigante resiliente que todos llevamos dentro, ese que nos permite levantarnos y elevarnos sobre las situaciones que enfrentamos una y otra vez, la gente que no ahoga la voz interna que le habla de esperanza, del poder del amor, de un mejor futuro y que le despierta el deseo de ser parte del cambio que quiere ver, aquellos héroes anónimos e imperfectos de quienes aprendo siempre algo nuevo.

Me gustan las personas que creen en los demás, en su capacidad y en la bondad de su corazón, las personas genuinas y leales que saben ofrecer una amistad sincera, que conocen de respeto, empatía y humildad, aquellos que me exhortan y me confrontan con el amor como estandarte, los que dicen “presente” sin haber yo mencionado su nombre. Rodearme de este tipo de gente es un privilegio que me alimenta el alma.

No necesito a mi lado alguien que me ofenda o me humille.

No necesito a mi lado alguien que use en mi contra en cuanto puede, las partes frágiles que le he mostrado en mis momentos más vulnerables.

No necesito a mi lado alguien que cuestione y critique de manera destructiva mi vida, mis esfuerzos y mis luchas sin saber cómo le iría estando en mis zapatos.

No necesito a mi lado alguien que me haga llorar más de lo que me hace reír.

No necesito estar bajo el dedo señalador y la mirada de decepción de personas a quienes nunca se les queda bien.

No necesito a mi lado mentirosos en quienes no puedo confiar ni tampoco aquellos a quienes la envidia les impide celebrar mis triunfos.

No necesito a mi lado farsantes que tienen una cara para cada ocasión, individuos que buscan solamente su beneficio al precio que sea.

Las personas prudentes seleccionan cuidadosamente a quienes quieren tener cerca, abren su corazón, profundizan en relaciones sanas y las cultivan porque eso las hace mucho más fuertes y lo saben, las enriquece porque la buena compañía, el cariño sincero y la verdadera amistad, siempre agregan valor.

Si usted tiene en su vida personas perniciosas, que destruyen más de lo que edifican, quizá pueda, ante la pregunta tácita: “¿Puedo formar parte de tu vida?”, responderles lo mismo que les respondo yo:

¡Gracias, pero no gracias ;)!

-FMS-

¿Qué color tiene tu historia?

Probablemente muchos coincidimos en que el inicio de las historias de amor es cautivador la mayoría de las veces, el romance, los detalles, los mensajes, las citas, las mariposas y todo aquel arrebato de emociones y conquistadora creatividad que nos envuelve y casi casi nos hace levitar… Sí, los comienzos son hermosos, no hay duda.

Lo que es realmente difícil, es saber cómo van a terminar todas esas historias que empezaron con tanta pasión, entrega, sacrificio e ilusión… Lamentablemente muchas están muertas desde que inician, presentaron señales de enfermedad terminal y no fuimos capaces de detectarlas a tiempo o quizá para nuestro pesar decidimos hacer caso omiso de las mismas bajo la premisa de que el amor todo lo cambia… No puedo restarle mérito al poder del amor porque he visto sus alcances, se dice que “generalizar es equivocarse” por lo que me es imposible hacer a un lado las excepciones a la regla, historias en las que verdaderamente el amor lo cambió todo porque el compromiso de ambas partes fue total, sin embargo, son minoría y la verdad es que con frecuencia lo que empieza mal, acaba mal.

Algunas historias finalizan de manera repentina, inesperada y trágica, dejando un dolor profundo y difícil de sobrellevar por la manera abrupta en que nos fue arrebatado ese gran amor junto con la posibilidad de construir un futuro juntos.

Otras se acaban paulatinamente, se desgastan con la monotonía del día a día, la escasa comunicación y el exceso de trabajo, las ahogan las preocupaciones y las deudas, las adornan la crítica constante, la intolerancia, la disconformidad, la desconfianza y la poca empatía, las abraza la falta de romance y el exceso de expectativas, las carcome el resentimiento o las destruye la traición, de modo que se van apagando mientras quienes fueron protagonistas se convierten en espectadores, con muy poco o prácticamente nada por hacer…

Están también las que contra todo pronóstico duran toda una vida y acaban con un último suspiro, un leve apretón de manos y una mirada cómplice que encierra años de recuerdos, se despiden con una sonrisa sutil y un “te he amado toda mi vida, gracias por tanto”.

Hay muchos tipos de historias de amor, procura estar en una que sume alegría a tu vida, que te haga florecer en lugar de secarte, me resulta muy lamentable encontrarme personas sumamente valiosas queriéndose muy poco y conformándose con casi nada. Un amor sano reconoce el valor de la persona amada pero tiene muy claro el valor propio, se siente, pero también se evalúa y se decide, tiene risas y lágrimas, acuerdos y desacuerdos, quietud y tormenta, pero si no te hace sentir bien y desear ser mejor, si el saldo es siempre negativo y no le suma nada provechoso a tu vida y en la balanza termina siempre falto de peso, es simple, no es amor, es veneno.

Ninguna relación tiene el éxito garantizado, todas requieren una dosis importante de compromiso, esfuerzo y dedicación (entre muchas otras cosas), se escriben despacio, día a día y las conforman todo tipo de momentos, sin embargo, algo es irrebatible, compartir la vida con quien amas y que esa persona te deje muy claro cada día y en cualquier situación que te ama también, es un privilegio que mereces tener.

 -FMS-

Las dos caras de la tentación

Si pudiéramos personificar la tentación sería algo así como una persona cautivadora desde todo punto de vista, interesante, inteligente, imponente, sensual, un ser que te atrae con fuerza centrífuga y te resulta difícil luchar en contra, conocerle es un placer a los sentidos, los primeros contactos y las primeras sensaciones son fascinantes y placenteros, su voz es envolvente y sus palabras endulzan como la miel…

Ahora bien, la tentación no siempre se acerca a nosotros en forma de persona, también nos seduce como dinero fácil, una oportunidad imperdible pero cuestionable, el “negocio” que estábamos esperando, esa adicción que nos llama insistentemente o todo aquello a lo que nos reconocemos vulnerables y nos hace daño, eso que produce en nosotros un desequilibrio tal que si le abrimos la puerta, nos domina, las cosas se salen de control y nuestra batalla toma mayores dimensiones.

Su llamado es constante y palpable, nos nubla los sentidos y nos confunde, hermosa pero peligrosa, seductora pero destructiva, continúa cerca nuestro permitiéndonos percibir su aroma y presentándonos escenarios en los que todo termina en final feliz, quiere que caigamos en sus brazos y de cierta manera queremos hacerlo. Nos descubrimos pensándole con más frecuencia, preguntándonos ¿qué pasaría si? Nos cuestionamos si es correcto sentir lo que sentimos y empezamos a fantasear con realidades alternas, silenciamos la voz de nuestra consciencia con justificaciones y excusas que brotan como botones listos para florecer, “es solo un beso”, “una partida más”, “apenas un sorbo”, “solo esta escena”, “yo puedo controlarlo”, “solo por esta vez”…

El tiempo transcurre y tal como los antiguos relatos de sirenas, el canto hipnótico que nos llevó a sus brazos parece detenerse, lo ahoga nuestro grito de desesperación, lo detienen nuestras ganas de huir y de retroceder el tiempo, lo nublan la tristeza y la culpa…

Al final de la historia, este tipo de tentación tiene solamente una cara, esa sirena que se transforma en monstruo y solamente acarreó destrucción, el placer o beneficio que presentaba era una visión tan falsa y transitoria como ella misma, desafortunadamente el dolor y los estragos ocasionados no se esfuman, quedan allí, nos corresponde entre lágrimas y confusión lidiar con las heridas que nos dejó y las que causamos a los demás…

En otros casos, a pesar del esfuerzo extenuante y el tiempo invertido, la tentación pierde la partida y se retira, nos deja en paz al menos por un tiempo, no sin antes permitirnos por descuido involuntario o revelación divina ver su verdadero rostro, es como si una venda cayera de nuestros ojos y podemos ver con claridad y asombro que se trataba de depredadores disfrazados.

Independientemente de si caíste en sus redes o no, procura recordar su verdadero rostro la próxima vez que se acerque a susurrarte al oído, en ocasiones requiere más valentía retirarse de una batalla que quedarse a pelear.

No siempre es fácil hacer lo correcto, en ocasiones nos traiciona nuestra humanidad y nuestros deseos van en contra de los valores por los que nos hemos regido durante años, nos encontramos en una encrucijada entre lo que quisiéramos hacer y lo que deberíamos hacer, hoy, te motivo a hacer el bien, a caminar con prudencia y vencerte a ti mismo, a levantarte y seguir adelante, no pongas en juego lo que ha tomado largo tiempo construir, protege lo que amas y a quienes amas empezando por ti, no todo lo que brilla es oro, el mundo está lleno de sensuales cantos de sirena que terminan en destrucción.

Todos llevamos dentro una voz que nos indica que nuestro semáforo está en rojo, procuremos escucharla.

-FMS-